La Cuba del recuerdo | Los Carnavales de La Habana

El origen de los carnavales habaneros se remonta al siglo XVI cuando El Capitan general de la isla le daba ciertos días de libertad a los esclavos y estos demostraban su agradecimiento bailando por diferentes calles sus ritmos africanos hasta llegar al edificio de la Capitanía General en el casco histórico habanero donde le daban las gracias al Capitán General.

A principios del siglo XX esa costumbre se convirtió en algo alegre y feliz que eran los Carnavales Habaneros.

Se decidió fijar las fechas comprendidas entre fines de Enero hasta principios de Marzo como la época de Carnavales debido a que el tiempo era más fresco y las posibilidades de lluvias eran escasas pues en los Carnavales gran actividad era en las calles al aire libre donde se bailaba y se sudaba mucho. Esto fue hasta 1958, después Fidel Castro los suspendió diciendo que era una celebración pagana, teniéndolos que abrir después cambiándolos de fecha para el 26 de Julio y moviéndolos para la calle Infanta donde fué un enorme fracaso.

image.png

Antes del 1958, en tiempos de Carnaval habían fiestas en todos los clubs nocturnos y privados; en el muy ilustre Centro Gallego de La Habana siempre se celebraban tremendas fiestas en carnavales, me acuerdo que mis padres me llevaron estando yo muy pequeño a una fiesta de Carnaval, dentro del Centro Gallego hay un gran teatro, el Teatro Nacional, estilo Luis XV, el cual podía convertir la enorme sala de butacas en un gran salón de baile de tabloncillo que quedaba a la altura del escenario donde estaba el bar y la música, muy elegante, una cosa me impresionó ricamente es que cuando entramos al enorme salón, un gran olor a ropa de hilo almidonado me embriagó, todavía me acuerdo de esa sensación con mucha alegría.

El corazón de los carnavales habaneros eran los desfiles de carrozas y comparsas los viernes y sábados con los paseos los domingos.

Vamos a explicarlos.

Las comparsas y carrozas tenían un recorrido empezando en el inicio del Paseo Del Prado en el Malecón, llegaban al parque central donde se ponían gradas para miles de personas y estaban los jueces que daban los premios a las mejores carrozas y comparsas; doblaban alrededor del parque Central y tomaban por el otro lado Del Prado hacia el Malecón otra vez.

Las carrozas eran siempre hechas por firmas comerciales y clubs particulares, iguales a las que vemos hoy en las diferentes paradas de Macy, Rose Bowl parade etc.. Bellamente adornadas y casi siempre eran tiradas por un nuevo y brillante tractor, me acuerdo un año la de la cerveza Polar que tenía un gran oso polar con adornos del Polo norte y con lindas muchachas bellamente vestidas lanzando serpentinas.

Antes de los carnavales había un certamen donde se escogía la reina y sus damas del carnaval de ese año y ellas iban en otra bellamente adornada carroza con mucha sabrosa música.

image.png

Todas pasaban por delante de los jueces y ellos escogían las diferentes ganadoras.

Las comparsas pasaban entre una carroza y otra, consistían en grupos de doscientas o más personas vestidas con el tema de la comparsa y eran formadas por barrios y clubs habaneros, detrás iban los músicos con cueros, cencerros e instrumentos de viento entre los cuales estaba la corneta china que de oírla ya yo me erizo por su agudo y dulce sonido y todo esto con innumerables farolas con muchos colores e iluminadas con velas todo en la punta de un palo que llevaba magistralmente el farolero haciéndola rotar a velocidad para enamorarnos con sus colores, todo esto se movía “arrollando” por las calles al ritmo de la comparsa y haciendo filigranas muy medidas. Arrollar en una comparsa significaba el desplazamiento de ella bailando al mismo tiempo.

En el barrio de Cayo Hueso, mi barrio, teníamos la comparsa de “Los componedores de batea”, la batea era un recipiente de metal circular de dos o tres metros de circunferencia, de fondo plano y pies y medio de profundidad, se usaba para lavar la ropa, con el tiempo se le podía abrir un huequito en el fondo para lo que se llamaba a los componedores de batea que venían con un soplete y soldaban ese huequito componiendo así la batea, el tema era que una vecina prestaba su batea a otra la cual de usarla tanto que se le rompía, había una riña entre las dos vecinas y llamaban al “batelero”, el componedor, la arreglaba y todo terminaba en fiesta bailando niños, adultos y viejos. Se componía de 40 parejas de baile, 14 faroleros y doce mujeres que representaban las deidades del sincretismo religioso con una enorme orquesta detrás con percusionistas, cencerros e instrumentos de viento. Me acuerdo ver a los congueros templando las congas con candeladas hechas con papel periódico. Y más atrás el pueblo se sumaba arroyándole.

Entre las comparsas estaban: Las jardineras de Jesús María, El Alacrán del Cerro, Las Boyeros de los Sitios, Los Marqueses de Atarés, Los Dandys de los Sitios, La Sultana de Colón y muchas más que alegremente arroyaban sin cesar en tiempos de carnavales.

El paseo de carnaval se realizaba el domingo de carnaval y consistía en autos descapotables y camiones que se decoraban y recorrían esta vez desde el

Monumento al Maine por el Malecón hasta Prado, todo hasta el parque central donde se daba la vuelta y se retrocedía hasta el Maine otra vez dando tres o cuatro vueltas en total desde las doce del día hasta altas horas de la noche con música, serpentinas y diversión.

El pueblo en las aceras,

uniéndose

a ese paseo de multitud

creando gran magnitud

de unión y sana alegría.

Una, dos y tres

Que paso más chévere

Que paso más chévere

El de mi conga es.

Fuente:

¿Qué te ha parecido esta noticia?

Notas Relacionadas

Deja tu comentario