La Cuba del Recuerdo - La Casa de mis abuelos

Descrita en una carta mía a mi hija Conchitica con motivo de un picadillo que le hice y Que ella va a hacer empanadas con el.

Conchitica me escribe:

Probé el picadillo...que ricura. Voy a ver si hago empanadas con el que tengo. Xoxoxo

Mi contesta:

Que rico!

Es un picadillo cubano burgués de antes del 1959.

Y que me dices de los huevos cuadrados?

Tú bisabuelo por parte de madre, papá de abuelita, era dueño de una carnicería, y el preparaba el picadillo así. Se llamaba “La Central de Melchor Sánchez.” Quedaba en frente de su casa, en la calle Jovellar, que también se llama 27 de Noviembre. Ellos vivían en Jovellar entre Espada y Hospital y yo en Espada entre Jovellar entre San Lázaro. San Lázaro es una avenida muy ancha y Jovellar es una calle normal.

Que rico las empanadas que vas a hacer.

Mi bisabuela, yo le decía “bichabuela”, mamá de tu bisabuela Elena, me quería mucho y me hacía unas empanadas deliciosas, ella vivía en el barrio llamado Víbora, barrio de personas pudientes desde el tiempo de la colonia española. A ella le gustaba bailar el zapateo cubano, lo bailaba y se reía muchísimo haciéndolo.

Ella era la mamá de tu bisabuela Elena, la cual era la mujer más linda y dulce que yo he conocido, me quería mucho también. Era cómplice mia para buscarme amiguitas.

Cuando yo era como Alexander Gabriel, con cinco años de edad más o menos, ella se sentaba en mi cama, y de buenas a primera me agarraba mis pies y hacía como me los iba a morder y se reía mucho. Ella se llamaba María Elena pero la llamaba todo el mundo Elena, por eso yo le puse a Elenita “Elena María”, para que le dijeran Elena en honor a ella. La casa de ella fué construida en el siglo XIX y su cocina era de carbón, ella me hacía los bistés en una rejilla de metal sobre el carbón, y nunca me he comido uno tan rico como los que me hacía ella. También el arroz blanco que ella hacía era riquísimo.

Su “nevera” era enfriada por un bloque de hielo que siempre traía el hielero un día si y otro no, y lo colocaba en un compartimiento que tenía la nevera en la parte superior, allí se guardaban todos los alimentos que se podían echar a perder sin refrigeración. El agua que destilaba el hielo iba a un lugar que se drenaba diariamente por una pilita que tenía. Yo era muy chiquito cuando mi abuelo Melchor compró un refrigerador inmenso con una luz muy blanca adentro , a mi me encantaba abrirlo para ver la luz.

A mi abuelo le gustaba el queso Roquefort, me sentaba a su lado y me daba queso a mi contándome anécdotas de su vida ; hoy en día cuando como ese queso, me parece que estoy a su lado comiendo su queso y oyendo sus cuentos.

Me encantaba ir a su casa, pues allí me sentía libre de hacer lo que me diera la gana. Tenía unas rejas ornamentales que a mi me gustaba encarame en ellas, mi mamá (su hija) le peleaba a ella para que no me dejara encaramarme en ellas porque me podía caer, un día que yo estaba solo con mi abuelita, me encaramé en una de las rejas y Elenita me imploraba que me bajara porque si se enteraba Caridad, su hija y mi mamá, ella le iba a pelear, yo no le hacía caso, en eso llegó mi mamá y se formó el “titingó”.

La casa de mis abuelos era grande y estaba a nivel de la calle, yo tenía allí mi bicicleta, velocipedo, patines, carriola, y muchos juguetes más. Hasta un proyector de películas de 35 mms. que me habían traído los Reyes Magos.

A mi abuelita Elena le gustaban mucho los gatos y en su casa siempre habían

varios los cuales ella bañaba, le pintaba las uñas y le ponía lacitos en las orejitas; a mi abuelo le gustaban los perros , el tuvo varios que me acuerde: Cora, Titina y Roquefort. La primera era de cacería, los otros dos eran de mucho pelo largo y blanco, me querían mucho.

Tenía una sala muy grande con muebles de la época y un radio imponente que mi abuelo siempre se sentaba a su lado por las noches a oírlo.

El comedor era tan grande como la sala, con una mesa grande y una lámpara circular con cristales rojos y muchos flequitos alrededor.

La casa se pintaba por dentro todos lis años con una pintura llamada lechada, mezcla de aceite,agua, color y una pasta blanca, se usaba una brocha ancha para aplicarla, cuando se daba parecía que la pared estaba mojada pero cuando se secaba tomaba una textura muy linda con el color que le hubieras dado.

La casa era de puntal alto y nunca hacía calor allí, fíjate que no se usaba el aire acondicionado y había fresco, Cuba es una isla, la mayor del Caribe, que siempre está bañada por los vientos Alisios que la refrescan de norte a sur.

Esa casa junto con seis más iguales y una farmacia eran propiedad de tu familia y Fidel Castro se las arrebató a ti y a tus abuelitos en el año 1959, el dolor para mi no fué el perder algo material, sino sentir que me arrancan una parte de mi vida con mis abuelitos en menos de un minuto de una manera brutal y no poder hacer nada para evitarlo, pues si lo hacía iba a la cárcel y quizás fusilamiento trayendo más desgracia a mi familia.

Fuente: Dr. Ramon Sanchez.

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