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Investigadores del MIT usan IA para convertir gestos en datos de entrenamiento robótico

CAMBRIDGE, Massachusetts, EE.UU. (AP) — Los robots humanoides que tienen dificultades con tareas como agarrar una taza tienen un nuevo maestro: una persona que lleva una pulsera de ultrasonido que capta el movimiento de músculos, tendones y ligamentos bajo la piel.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts desarrollaron la herramienta para recopilar datos del movimiento de la mano humana que, con el tiempo, podrían ayudar a los robots a alcanzar una destreza que a las máquinas les ha resultado difícil dominar.

“Imaginen a personas haciendo tareas domésticas. Podemos usar los datos obtenidos por nuestro sistema para entrenar a un robot a hacer exactamente (esas) tareas domésticas con este movimiento manual tan diestro”, planteó Xuanhe Zhao, profesor de ingeniería mecánica del MIT.

Mientras gran parte del mundo tecnológico sigue cautivado por asistentes de inteligencia artificial que asumen tareas basadas en computadora, Zhao está entre los científicos que intentan dotar a la IA de más datos sensoriales del mundo físico.

Más allá de las tareas domésticas, la tecnología podría ayudar con otras labores que requieren flexionar dedos y manos, como la cirugía.

La pulsera utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para “ver” a través de la piel de quien la lleva. Transmite imágenes de los movimientos de músculos y tendones a una computadora que usa IA para permitir que una mano robótica cercana imite los gestos.

Se entrena un algoritmo de IA para descodificar las imágenes generadas por el dispositivo y convertirlas en lo que los ingenieros llaman grados de libertad: formas específicas en que una articulación puede doblarse o rotar. La mano humana tiene 22.

En sistemas anteriores, rastrear siquiera una fracción de esos movimientos era un desafío importante.

En demostraciones de laboratorio con ocho voluntarios, los desarrolladores mostraron que la pulsera podía reproducir con precisión gestos de la mano —incluidas las 26 letras del lenguaje de señas estadounidense— en un lapso de 120 milisegundos.

La pulsera puede funcionar de manera inalámbrica, lo que significa que la persona que controla y el robot que recibe no necesitan estar en la misma habitación.

Más allá del control remoto, el equipo ve un camino para usar la pulsera con el fin de construir enormes conjuntos de datos de movimiento humano que, con el tiempo, podrían permitir que los humanoides aprendan tareas de destreza sin guía humana.

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El periodista de tecnología de AP Matt O'Brien contribuyó a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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