Cuba 14 mayo 2021

La Cuba del Recuerdo / Mi salto atrás hacia el futuro.

El 11 de Enero del 1962, era un dentista acabado de terminar mis estudios en la Universidad de La Habana, al día siguiente, el 12 de Enero

me monté en un avión para volar a Miami pensando que volvía en menos de un mes, y el día 13 de Enero estaba pidiendo trabajo como carnicero en un Frederick grocery store situado en la 62 Calle y 7 Avenida del “norguest”. Me escribieron en un papel lo que tenía que decirle al manager, Mr. Good,

“I came for the job as a butcher”, el me preguntó si tenía experiencia y yo le dije

“ uuuuh a lot, I was a butcher in Cuba”, no se si me creyó o tuvo piedad de mi, pero me dio el trabajo. Yo estaba supuesto a suplantar a un carnicero que se había enfermado y se iba a demorar en regresar, me pagarían $5.50 la hora, lo cual era muy buen sueldo en aquel entonces, pues con $20.00 podías comprar cuatro cartuchos grandes de víveres y productos a la semana.

Empecé al día siguiente, habían varios carniceros que se hicieron amigos míos enseguida, uno era Cliff, un irlandés viejo de malas pulgas pero tierno y de buen corazón, otro era Maldonado, puertorriqueño agradable y de buen corazón también. Ellos me enseñaron muchísimo; del americano corte de las carnes y también de la vida.

Mi trabajo era despachar la carne y productos del delicatessen a petición de los clientes, muy pronto empezaron a venir clientes que eran pacientes míos y pedían que los atendiera el Dr. Sánchez, la primera vez Cliff le dijo que allí todos eran carniceros, que no habían doctores, a lo que yo me adelanté y le dije “Cliff leave it to me, they are looking for me”, Maldonado se rió cantidad.

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Y este fué mi primer auto mientras trabajaba en el Food Fair

Y este fué mi primer auto mientras trabajaba en el Food Fair

Otro día una señora muy mayor llegó y me pidió un round steak, es una pieza de carne redonda con un huesito redondo en el centro, cuando se lo di ella me dijo “ahora córtemelo a lo ancho”, o sea el steak tenía una pulgada de grosor y ella quería que se lo picara en dos de media pulgada de grosor cada uno. Fui a preguntarle a Maldonado como se hacía eso, el me señaló una sierra sin fin, y me dijo “ahí lo puedes cortar de ancho, pero ten cuidado porque el último carnicero que la usó para eso perdió un dedo” , yo miré la sierra, miré mis dedos y miré el round steak y abrí la nevera, tomé otro y se lo puse al lado del primero y le cobré por uno solo.

Otro día me pidieron una lengua, pregunté donde estaban y me señaló Cliff un gran barril más alto que yo y me dijo que allí estaban dentro, me encaramé en una silla e intenté tomar una lengua, ay que mal me sentí, pues resbalaban las lenguas de las manos y yo haciendo arqueadas, se me caían de las manos, por fin pude sostener una y despacharla, pero desde ese día yo nunca he comido lengua.

Cuando me tocaba el turno de noche yo tenía que limpiar toda la carnicería a las diez de la noche, y quiero confesar que me gustaba.

Otro día, un señor me pidió una carne que era carísima, como a siete dólares la libra , venía en una pieza de como cinco libras y había que amarrarla con una cuerda haciéndole varios nudos de carnicero para que yo aprendí enseguida a hacerlos, después de terminar, se la enseñé y el me mandó a molerla, pues la corté en pedazos y la puse a moler, justo al final me preguntó el señor si le había quitado la cuerda a la carne y cuando miré a la máquina vi el último pedacito de cuerda pasando, me viré hacia el y le dije: “ of course, what kind of a butcher do you think I am”, y se la di, bueno no está tan mal porque la cuerda es celulosa y eso es bueno para la digestión.

A los tres meses, cuando más contento estaba, regresó el carnicero que yo suplantaba y me dejaron fuera. Le pregunté a Mr. Good si había otro trabajo para mi y me dijo que en un Food Fair que había en la 37 calle y West Flagler estaban buscando a un Produce man (frutero), nunca entendí que conexión hay entre Produce y frutero, pero bueno para allí fuí, pero ahora iba a ganar $3.00 la hora. Mr. Good me me dijo adiós no sin antes decirme que yo tenía una mina de oro en mis manos, que me dedicara a mi profesión dental. Yo lo entendí y le di las gracias, pero hasta ese momento ninguna escuela dental sabía de dentistas cubanos que andaban por el mundo sin poder ejercer.

Pues me fui para el Food Fair también a suplantar un operado del corazón en el Produce Dept.

Allí aprendí a cómo hacer lucir una lechuga vieja, fresca otra vez, tenía que palear hielo todas las mañanas a las siete en grandes cantidades para poner en las mesas donde iban los vegetales, pues todavía no habían las mesas refrigeradas. El primer día me regalaron un cartucho lleno de Brussels sprouts, y yo creí que eran coles que se habían pasmado y quedado chiquitas y que por eso me las regalaron.

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Aquí estoy en la casa de la familia que me acogió cuando llegué de Cuba en el 1962

Aquí estoy en la casa de la familia que me acogió cuando llegué de Cuba en el 1962

Al cabo de tres meses llegó el señor que yo estaba suplantando y volví a lo mismo, me quedé sin trabajo y pedí si había otro disponible, me dijeron que si como bag boy, ganando $1.00 la hora, y yo acepté, así que yo fuí en el trabajo de groceries de arriba para abajo, en vez de al revés.

El trabajo era en un Food Fair en Palm Springs Mile. Cerca del aeropuerto de Miami.

Como bag boy tenía que hacer de todo en la tienda, el lunes y jueves poner todos los anuncios de las especiales, el martes preparar el departamento de Produce, (palear hielo y demás), el miércoles limpiar el piso del Food Fair completo y el viernes arreglar antes de las 9 am. los productos que estaban mal colocados.

Los martes yo tenía que preparar de 7 a 9 am. el Dept. de produce. Primero llenar de hielo las mesas para después sacar todos los vegetales que habían que mantener fríos, eso me llevaba bastante tiempo, y después ayudar a empaquetar los mandados lo cual yo hacía con gran fluidez, en muchas ocasiones tenía que trabajar la caja también, lo cual era bastante complicado pues no existía el proceso de escanear que hay ahora. Se marcaba la cantidad de dinero y al lado del Dept. que era el producto. Si se iba la luz había que hacerlo dándole vueltas a la manigueta de la caja registradora. Cuando yo empacaba le preguntaba al cliente con cara de pena,

“ do you want me to help you?” Para llevarle el carrito a su automóvil y allí recibir con mis manos la pequeña propina que me daba el ama de casa, normalmente eran $0.10, un real, a veces $0.25, una peseta y en muy pocas ocasiones $1.00. Creo que nada más había una señora de pelo trigueño y muy robusta que me daba un dólar y yo la cuidaba como cosa fina, un día

, uno que trabajaba part time se puso en la caja donde ella iba y yo lo boté de allí, porque yo esperaba mi “coco”.

Los miércoles, el potter (porar), ese era el que limpiaba el piso, el cual estaba libre los miércoles, y Ramoncito era el que limpiaba el piso, llenaba el cubo con todos los limpiadores que se vendían en el Food Fair y procedía a limpiar con mi mapo que pesaba diez libras; ahí aprendí a dar “mapo”, o a mapear el piso, yo lo hacía muy contento guiando el mapo con la mano izquierda y doblándolo con la derecha, exactamente como hacía con el remo cuando remaba en la canoa de la Universidad de La Habana cuando estudiaba odontología. Fíjense que lo que bien se aprende nunca se olvida, después rociaba un producto que olía riquísimo, tenía el grocery limpiecito y oloroso, habían clientes que me lo decían. Y hablando de clientes, uno de ellos era el doctor García Navarro, Ginecólogo partero en Cuba del hospital militar y fué quien me recibió a mi cuando nací, me saludaba con mucho cariño y yo se lo presentaba a todos como el que me salvó la vida porque yo nací, según mi mamá con el cordón umbilical enredado en el cuello, por poco me ahogo. Después el Dr. Garcia Navarro fue mi paciente por muchos años cuando vine de Iowa graduado como dentista. El me traía siempre mameyes, piñas y zapotes de su finquita, y me cantaba aquello del trío Matamoros que decía: “a fin de año piña, mamey y zapote”. .

Los viernes me pasaba el día entero empaquetando pues era el día que el público compraba los mandados porque cobraban ese día.

Ahora bien los más trabajosos para mi eran los lunes y jueves, que había que cambiar todas los letreros de los especiales. La tienda tiene (porque existe todavía en Palm Spring Mile) siete grandes ventanales y había que poner un gran anuncio de papel en cada uno de ellos, los cuales median 3 X 6 pies cada uno. Tenía que fijarlos con scotch tape haciendo equilibrio para no caerme, era un buen show digno de un circo de malabaristas y cuerda floja.

Lo más difícil y peligroso era cambiar las letras de un letrero que había afuera a 30 pies de altura. La operación la hacía así: iba y le preguntaba a Mr. Capell, el manager, lo que el quería poner, el me lo decía y yo procedía a traer una escalera gigantesca para colgar las letras. La escalera era tan larga que yo tenía que ponerla en el suelo, ir a la puerta y pisar el piso para que se abriera, correr para atrás para agarrar la escalera por el medio y correr hacia delante con ella para salir antes que la puerta se cerrara. Un día me mandó el manager a poner:

Delmonico steak $7.50 lb.

Tomatoes $0.07 lb.

Pues yo puse la señal y cuando entré con mi escalera vi que habían colas de clientes con los carritos llenos de Delmonico steaks, Mr. Capell me llamó, “Ray come here” y me sacó para la calle a ver el letrero, yo había puesto:

Delmonico steak $0.07 lb.

Tomatoes $7.50 lb.

Lo que más me sorprendió fue que en vez de botarme se rió y me mandó a cambiarlo, tomé la escalera otra vez, pise la puerta , salí corriendo a cambiar el letrero.

La semana pasada pasé por el grocery después de 50 años y vi que ya no se llama Food Fair y que habían quitado el letrero tan alto.

Me pagaban $42.00 a la semana, con el withold y $5.00 para la unión se me quedaba en $32.00, menos mal que hacía alrededor de $20.00 en propinas a la semana y eso emparejaba bastante.

Llegó el mes de Diciembre de 1962 y yo estaba con un problema de mucho dolor en la planta de los pies, fui al médico, me hospitalizaron por dos dias, en un hospital de dos camas que había por el NW.

Me iban a operar y después me dijeron que no, cuando regresé a la tienda me encontré que me habían despedido, protesté en la unión y allí me dijeron que me olvidara. Desde ese día no creo en las uniones, son bandoleros que te roban tu dinero y cuando llega el momento: piña, mamey y zapote!

Entonces decidí seguir el consejo de Mr. Good, ocuparme de mi carrera odontológica y después de tres años de estudios fui aceptado en la State University of Iowa a estudiar Odontología otra vez, graduándome en el 1967,

eso es motivo de otra historia que vendrá después.

Fuente: Dr. Ramon Sanchez. 5-9-2021

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