Deportes 11 julio 2016

Un "patito feo" le puso corolario a una desabrida Eurocopa

PARIS (AP) — Cristiano Ronaldo salió lesionado prematuramente. Antoine Griezmann desperdició varias ocasiones. En una Eurocopa criticada por un fútbol insípido y cauteloso, no sorprendió que las grandes figuras no dejasen huella en la final y el jugador determinante fuera un delantero descrito como un "patito feo".

Se trató de Eder, quien salió de la banca para anotar en la prórroga el gol con el que Portugal atrapó su primer título internacional vencer el domingo 1-0 a Francia.

¿Eder? Ahora todo el mundo lo conoce. Pero era prácticamente un cero a la izquierda: inoperante en la pasada Copa Mundial —en la que Portugal fue eliminada tras la primera ronda— y autor de apenas tres goles en 28 partidos con la selección, todos anotados en amistosos, antes que su remate desde 25 metros a los 109 minutos estropease la fiesta a los anfitriones. Swansea, su club de la Liga Premier, prefirió perder dinero al cederlo en préstamo al Lille francés esta temporada.

"Un patito feo se tornó bonito", declaró el técnico portugués Fernando Santos.

Pese a producir jugadores de enorme clase como Eusebio y Luis Figo, Portugal no había conseguido títulos. Con Santos al mando, los lusos renunciaron al estilo deslumbrante y se entregaron al dogma del resultado.

Santos también había sido la imagen de "patito feo" ante las críticas que sus planteamientos recibían.

"Si me preguntan si prefiero ser bonito y perder o ser feo y ganar, prefiero ser feo", afirmó el técnico.

Y así fue que Portugal acabó coronándose en un torneo en que solo ganó un partido en los 90 minutos, el del 2-0 a Gales en las semifinales. En la contabilidad, estuvieron al frente en el marcador en un total de 73 minutos en el certamen.

Los portugueses son el reflejo de la opacidad de la primera Euro con 24 equipos, que deja un exiguo legado en cuanto fútbol, pero que se animó con lo pintoresco.

Primero está el cántico de guerra de Islandia, la gran sensación del campeonato que produjo la mayor sorpresa al eliminar a la aristocrática Inglaterra en los octavos de final. Unos 10.000 islandeses se movilizaron por toda Francia, es decir alrededor de 3% de la población de la nación nórdica, y cautivaron con sus sincronizadas palmadas en crescendo. Otras selecciones empezaron a emularles.

Otra nota destacada para las remembranzas atañe a un jugador que no disputó ni un solo minuto. ¿Cómo olvidar la pegajosa canción sobre Will Grigg, el delantero de Irlanda del Norte, que hizo vibrar más las tribunas que un partido de alto vuelo en las canchas de Francia?

También se evocarán las encantadoras imágenes de los hijos de los jugadores de Gales divirtiéndose en el césped tras una victoria. Fueron varias celebraciones, ya que el equipo liderado por Gareth Bale excedió todas las expectativas al alcanzar las semifinales en su primer gran torneo internacional desde la Copa Mundial de 1958. Pero la práctica fue frenada de inmediato por un edicto de la UEFA, advirtiendo que el torneo no era una "fiesta familiar".

Resulta curioso que los elementos más memorables fueron protagonizados por tres de las cinco selecciones que debutaron en la Eurocopa.

Se temía que la idea del defenestrado presidente de la UEFA Michel Platini de expandir el torneo con ocho equipos adicionados —mirando fines electorales y mercantiles— iba a diluir la calidad del torneo. Así fue, con una serie de partidos tediosos en lo que las tácticas defensivas prevalecieron.

Cuando los portugueses celebran su título, la pantalla gigante del Stade de France mostró una imagen de Platini, con el texto "Gracias por todo, Michel". Sin chistar, el público abucheó.

El total de goles en esta edición fue de 108 en 51 partidos, la menor producción en 20 años. El promedio por partido fue de 2,12, lejos de los tres anteriores torneos, en los que osciló entre 2,45 y 2,48.

Pero no faltaron tantos de gran calidad, como la volea de zurda Dimitri Payet en los últimos minutos para que Francia saliese triunfante en el partido inaugural ante Rumania; la chilena del suizo Xherdan Shaqiri en una causa perdida contra Polonia en octavos; el recorte de Hal Robson-Kanu con el que Gales le dio la vuelta al marcador para vencer a Bélgica en cuartos; y el salto que dio Cristiano para meter un cabezazo en semis. Griezmann acabó como el máximo anotador con seis conquistas, en tanto que Cristiano alcanzó dos récords —empató a Platini con nueve al tope de la tabla histórica y se convirtió en el primer jugador en facturar en cuatro ediciones distintas.

Lo repelente fue la reaparición de una plaga que se daba por acabada: la de los abominables hooligans. Los sangrientos enfrentamientos en Marsella entre ingleses y rusos opacaron el primer fin de semana y generaron temor por la seguridad para el próximo Mundial, que dentro de dos años se escenificará en Rusia.

Tarjeta amarilla para el técnico alemán Joachim Loew por su antihigiénico olfato y la fantochada de bailecito del delantero italiano Simone Zaza en su infructuosa ejecución durante la tanda de penales en el choque de cuartos de final ante Alemania.

En lo discordante, el reinado de ocho años de España acabó en octavos, instancia en la que no tuvo respuestas ante el empuje de una admirable Italia dirigida por Antonio Conte. Otra vez, la generación dorada de Bélgica encalló en cuartos. El delantero sueco Zlatan Ibrahimovic se despidió del fútbol internacional sin marcar en Francia.

Alemania se quedó con las ganas de emular el doblete Mundial-Euro conseguido por España, y en gran medida la culpa recayó en la inefectividad de su delantero Thomas Mueller, de polos opuestos en las dos grandes citas —10 goles en dos mundiales y ninguno en dos Euros.

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Eric Núñez está en Twitter como @EricNunezAP

Fuente: Associated Press

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