Mundo 09 noviembre 2016

Trump saca a la luz el profundo malestar de algunos sectores

NUEVA YORK (AP) — Donald Trump despertó un movimiento integrado mayormente por una clase obrera hastiada de los operadores políticos y deseosa de un cambio.

Su sorprendente victoria sobre una Hillary Clinton mucho más organizada y experimentada fue una desafiante condena a toda la clase política.

"Estoy más que lista para lo que se viene", comentó Holly Berry, residente de Oklahoma que vino a Manhattan para estar en el festejo de Trump.

Berry, quien trabaja en ventas, dice que no está en condiciones de pagar su seguro médico, que aumentó un 86%.

"La gente está harta", sostuvo. "El país está hastiado de todo. Estamos listos para un cambio. Para una rebaja en los impuestos, para una economía que crece, para más trabajos".

Para mucha gente, no obstante, la llegada del magnate a la presidencia es una realidad estremecedora y aterradora, difícil de comprender. Muchos consideran al presidente electo un individuo intolerante y misógino que no tiene las aptitudes necesarias para gobernar el país.

"Me mete mucho miedo", admitió Wendy Bennett, empleada estatal demócrata de Reno, Nevada, que votó por Clinton. "Creo que su personalidad va a empezar una Tercera Guerra Mundial. Me recuerda a Hitler".

Lisa Moore, republicana de Glen Rock, Nueva Jersey, dice que votó por Clinton, quien hubiera sido la primera mujer presidenta en la historia de Estados Unidos.

"Como mujer, en buena conciencia, madre de una niña, no puedo votar por alguien que es tan reprensible en el plano moral", expresó Moore, instructora de un gimnasio.

La elección fue una reivindicación para Trump, un magnate del campo de los bienes raíces y ex estrella de un reality show a quien pocos tomaron en serio.

Mientras los entendidos daban por sentado que su popularidad decaería apenas el electorado empezase a enfocarse seriamente en las elecciones, Trump seguía arrastrando a miles de personas a sus actos, que eran un despliegue de ira por parte de gente mayormente blanca que se sentía ignorada y engañada por Washington.

Por más que las estadísticas indicasen que la economía había mejorado, en muchas partes del país no sentían esos progresos y pensaban que estaban siendo hechos a un lado por la globalización y el traslado de empleos a otros países. El caos reinante en otros países no hacía sino alimentar la sensación de que Estados Unidos estaba perdiendo terreno.

La combinación de todos estos factores hizo que mucha gente añorase épocas más sencillas, en las que Estados Unidos era la superpotencia indiscutida y los sueldos de la clase media subían constantemente.

"Estamos metidos en demasiadas cosas", se quejó Joe Hudson, ingeniero de 49 años republicano de Virginia Beach, Virginia, quien dijo que votaba por Trump porque "no estamos atendiendo a nuestra propia gente".

"Estamos demasiado metidos en la política mundial. Y nuestro país se está derrumbando", manifestó. "Necesitamos una nueva dirección, una nueva actitud y gente que deje de discutir y permita que los medios de prensa nos manipulen".

El compromiso de Trump fue sencillo: va a hacer que Estados Unidos "vuelva a ser un grande". Su condición de "outsider", ajeno a la política, combinada con su éxito en los negocios, le dio credibilidad a un mensaje populista que ponía énfasis en la recuperación de los empleos perdidos, la fortaleza de Estados Unidos afuera y el control de la inmigración, legal e ilegal.

Trump prometió crear de inmediato nuevos empleos, poner fin a conflictos en el exterior y, según sus propias palabras, "volver a ganar".

Desde muy temprano Trump definió a sus partidarios como un "movimiento" más grande que él mismo.

"Esto no es sobre mi persona. Lo que importa aquí es ustedes y nuestro magnífico movimiento para hacer que el país vuelva a ser grande. En todo el mundo están hablando de esto", sostuvo en un acto en Miami la semana pasada, durante la recta final de la campaña.

"Nunca hubo un movimiento como este en la historia de nuestro país, jamás se dio algo así. Hasta los entendidos, incluso aquellos que no me quieren, dicen que es un fenómeno nunca visto".

Pero mientras provocaba el fervor de su base y se ganaba una primaria tras otras, al mismo tiempo su retórica divisoria ahuyentaba a grandes sectores, incluidas las mujeres, los blancos con educación universitaria y las minorías.

Trump lanzó su campaña con un discurso en el que acusó a México de enviar violadores y delincuentes. Luego cuestionó el heroísmo del senador John McCain por haber sido tomado prisionero en la guerra de Vietnam. Se burló de un periodista discapacitado y planteó que se impida el ingreso de todo musulmán a los Estados Unidos "hasta que sepamos qué está pasando" con el terrorismo.

Después de asegurarse la nominación de su partido, Trump cuestionó la imparcialidad de un juez porque es de ascendencia mexicana, insultó reiteradamente a una familia musulmana cuyo hijo murió en combate en Irak y tuvo una pelea pública con la ex Miss Universo venezolana Alicia Machado, recomendando incluso a la gente que viese un video de ella de contenido sexual.

Una y otra vez dio la impresión de que Trump estaba acortando la ventaja que le llevaba Clinton, pero hizo algún comentario inapropiado y volvió a alejarse.

Ya cerca del final de la campaña circuló un video del 2005 en el que Trump dice que puede toquetear a las mujeres porque es famoso. Acto seguido varias mujeres dijeron que el magnate se había propasado con ellas, cuando no agredido sexualmente.

Trump negó las acusaciones.

Una sorpresa de octubre fue opacada por otra. Su popularidad ya estaba repuntando con la noticia de que el costo de los seguros médicos seguía subiendo, cuando el director del FBI informó al Congreso que reabría una investigación del uso de un servidor privado para enviar correos electrónicos cuando Clinton era secretaria de Estado.

Si bien el FBI reveló poco después que no había nada ilegal en los correos, el daño aparentemente estaba hecho.

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Colvin está en https://twitter.com/colvinj.

Fuente: Associated Press

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