Associated Press 12 noviembre 2016

Rudeza durante campaña en EEUU podría dejar daños duraderos

El juego limpio en la política ha estado decayendo con el paso de los años, pero la campaña presidencial de Donald Trump no solo volvió los insultos y las burlas algo normal, sino que fue parte de una estrategia ganadora. Sin embargo, el daño va mucho más allá de los políticos, y los observadores se preguntan si podrá revertirse.

En 2009, el presidente Barack Obama pronunciaba un discurso en la Cámara de Representantes cuando un congresista de Carolina del Sur gritó: "¡Mientes!". Sus colegas le reprendieron por violar las normas de civilidad. Siete años después, frente a lo que se vio durante la campaña presidencial de este año, ese percance parece casi inocente.

La declinante civilidad ahora forma parte de una cultura cambiante donde se lanzan libremente ataques verbales anónimos a través de internet. La televisión por cable transmite rutinariamente palabras que alguna vez estuvieron prohibidas de las ondas.

Ahora Trump, el presidente electo, está llamando a la unidad, usando palabras que llaman la atención precisamente porque suenan tan ajenas a Trump el candidato. Muchos se preguntan si es posible revertir el daño que le hizo la campaña al discurso político y sus repercusiones sobre la manera en que hablan los estadounidenses sobre ellos y entre sí.

"Hay un montón de culpables sobre este tema, pero creo que en esta elección en particular el haber apoyado a Donald Trump significó apoyar la incivilidad, la vulgaridad, los insultos y la intimidación. Lamentablemente vimos muy poco repudio en público de eso de parte de cualquier partidario de Trump", opinó Mark DeMoss, un ejecutivo de relaciones públicas de Atlanta y un republicano conservador cuyos clientes son en su mayoría organizaciones cristianas.

DeMoss —quien a principios de 2011 abandonó una campaña llamada Proyecto por la Civilidad después de que sólo tres miembros del Congreso firmaron una promesa de comportarse con respeto— constató la degradación del discurso político desde hace años. Entonces el equipo de campaña de Trump —dicen DeMoss y otros observadores— pisoteó mucho más allá de lo que se creía que era algo aceptable.

"Todos podemos señalar incidentes en campañas a través de la historia, pero creo que ésta probablemente sentó un precedente en términos de incivilidad", afirmó James Mullen, presidente de Allegheny College en Meadville, Pennsylvania, que otorga un premio cada año por civilidad en la vida pública.

"Lo que más me preocupa es que nos estamos volviendo casi tolerantes", dijo Mullen.

Allegheny encuestó a los estadounidenses sobre la civilidad política por primera vez en 2010. Cuando lo hizo de nuevo en octubre, los investigadores observaron una declinación "preocupante" de quienes rechazaban los insultos en la política. El número de personas que desaprobaron los comentarios políticos sobre la raza o la etnia de una persona disminuyó de 89% a 69%. El número que dijo que era inaceptable gritarle a un oponente en un debate cayó del 86% al 65%.

Fuente: Associated Press

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