Cuba 02 septiembre 2016

Regreso a clases en Cuba, una odisea para los padres

En el inicio de cada curso escolar los padres se ven obligados a comprar uniformes en el mercado negro y a hacer piruetas para remozar las escuelas

LA HABANA.- Luego de levantarse al amanecer, tras una cola de dos horas bajo la lluvia, Alicia, 37 años, madre de un alumno de secundaria, pudo comprar el uniforme de su hijo para el nuevo curso escolar.

“Este año cambiaron el método de repartir los uniformes. Antes se podía comprar en cualquier tienda del municipio designada para esos menesteres. Ahora hay una sola tienda por cada barrio. El Estado autoriza la compra de dos uniformes en séptimo grado, uno en octavo y ninguno en noveno. Es un dolor de cabeza conseguir las tallas”, expresa Alicia, mientras arregla el uniforme en una vieja máquina de coser Singer.

El precio oficial de un uniforme equivale a diez centavos de dólar. En la primaria, la blusa o camisa es blanca y la saya o shorts son rojo vino. En la secundaria, la blusa o camisa sigue siendo blanca, pero la saya o shorts son amarillo mostaza. Y en preuniversitario, los colores cambian: azul claro la blusa o camisa y azul oscuro la falda-short o el pantalón.

En Cuba es obligatorio el uso de uniforme en todos los niveles de enseñanza, excepto en la universidad. Pero la mayoría de los padres se quejan por la limitada cantidad de uniformes que autoriza el Estado para un alumno sin tener en cuenta que están en etapas de crecimiento.

“Es un solo uniforme para todo el año. Mis hijos son una bola de churre cuando llegan de la escuela. La solución es comprarlo por fuera y te cuesta entre 100 y 150 pesos (alrededor de 6 dólares)”, indica Ernesto, padre de dos varones, alumnos de primaria.

Para familias como la de Ángel, dueño de un vetusto Ford de 1954 que utiliza como taxi privado, adquirir uniformes en el mercado negro no es un problema. “Todos los años le compro tres o cuatros uniformes extras a mis hijos. Solo en uniformes gasto 150 cuc [pesos Cubanos convertibles] cada curso”.

Pero el déficit de uniformes es solo uno de los tantos inconvenientes y gastos suplementarios que tienen los padres en la Isla. Pregúntenle a Carmen la cantidad de dinero que desembolsa durante el curso escolar, y con la precisión de un contable, le hará un balance.

“10 pesos convertibles por dos uniformes para mi hija. 30 cuc por una mochila. 15 por una cartera, pues ahora a las muchachas les gusta llevar bolsos. Un par de tenis Converse, 80 cuc. 12 cuc para comprar libretas en divisas, pues las que entrega gratis el Gobierno son de baja calidad. A eso hay que añadir de 40 a 50 pesos convertibles mensuales en meriendas y almuerzos”, apunta Carmen.

En Cuba, exceptuando la primaria, las escuelas no ofrecen almuerzo. “En primaria sirven raciones de almuerzo en comedores escolares y en secundaria dan una merienda al mediodía, un pan con salchicha o hamburguesa y un yogurt de soya. Pero debido a su pésima elaboración, un segmento considerable de alumnos no la consumen”, indica Eusebio, metodólogo de Educación en un municipio habanero.

Hasta la enseñanza secundaria, los estudiantes tienen dos sesiones de clases, mañana y tarde, y suelen permanecer en la escuela alrededor de ocho horas. Algunos padres, como Miguel Antonio, cada mañana le da 40 pesos cubanos a su hijo para que almuerce en una cafetería aledaña a la escuela. Otros, como Maritza, de lunes a viernes preparan merienda y almuerzo en un termo que luego su hija carga en una bolsa suplementaria.

“Los estudiantes parecen alpinistas. Acarrean bolsos enormes repletos de libros y de comida. No sé cómo no padecen de escoliosis”, comenta Sandra, especialista médica y madre de un hijo que cursa octavo grado.

El lunes 5 de septiembre, cuando en Cuba comience el curso escolar 2016-2017, más de 1.700.000 estudiantes se incorporarán a las aulas en los diferentes niveles de enseñanza de toda la Isla. Según el diario oficialista Granma, la cobertura del personal docente se encuentra garantizada en un 94,2%. Las provincias con mayor déficit de maestros son La Habana, Artemisa, Mayabeque, Matanzas y Ciego de Ávila.

Hace tiempo que ser maestro en Cuba dejó de ser una profesión digna. Osleidys, oriunda de la oriental provincia Guantánamo, a unos 1.000 kilómetros al este de La Habana, ejerce el magisterio más por necesidad que por vocación. “Después que terminé el preuniversitario la única carrera que pude estudiar fue pedagogía, y ni siquiera la concluí. Pero el déficit de maestros obliga al Ministerio de Educación a contratar profesores sin el suficiente curriculum”.

La parte positiva, considera Osleidys, es que pudo conseguir un permiso de las autoridades para residir en La Habana, “porque la Ley 217 impide radicarse en la capital, solo los maestros, constructores y policías podemos instalarnos aquí”.

Profesores muy jóvenes, casi de la misma edad que sus alumnos, se enrolan en el magisterio para escapar del servicio militar. Un maestro en Cuba devenga un salario que fluctúa entre los 20 y 35 dólares al mes. Los profesores universitarios ganan algo más. Y no reciben gratificaciones del Estado.

Un oficial de las Fuerzas Armadas o el ministerio del interior puede ir de vacaciones con su familia a centros recreativos subsidiados por el régimen, tiene derecho a una casa y otros bienes materiales. Pero en Cuba, a diferencia de Finlandia, la nación-modelo en el sistema educacional, el magisterio figura entre las peores profesiones.

Recientemente, la ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, admitió que no todo está resuelto para el próximo curso escolar. Después de un recorrido por las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud, declaró que más de 390 centros escolares fueron declarados en condiciones críticas y los alumnos están siendo reubicados.

Por su parte, el viceministro Rolando Ruiz, informó que el Ministerio de Educación (MINED) cuenta con 17,5 millones de pesos convertibles para asegurar los principales recursos, entre ellos, laboratorios de ciencias, talleres e implementos deportivos.

La enseñanza en Cuba corre a cargo del Gobierno. Pero la crisis económica estacionaria que se extiende por 27 años, ha provocado que padres, abuelos y otros familiares se ocupen de tareas inherentes del Estado.

“En teoría, el MINED no acepta que los padres pinten las aulas, reparen pupitres, compren ventiladores y donen escobas y detergente para limpiar los baños. Pero por debajo de la mesa los maestros lo aceptan, pues las brigadas estatales de mantenimiento, en el mejor de los casos, solo le dan una mano de pintura a la fachada de la escuela”, dice la madre de tres hijos en tres niveles diferentes de enseñanza.

A veces ni eso. La escuela secundaria Eugenio María de Hostos, en la barriada de La Víbora, lleva años sin pintar ni recibir mantenimiento a fondo. Varias aulas tienen filtraciones y el piso irregular del patio pide a gritos una reparación. “El año pasado, gracias a la presión ejercida por las redes sociales y periodistas independientes, cambiaron de aula a mi hijo. Cuando llovía aquello parecía un río”, expresa un padre.

A 500 metros de la secundaria, en el parque del Mónaco, existe una zona wifi de conexión a internet. Sin embargo, en la Eugenio María de Hostos, como en el resto de las escuelas del país, exceptuando las universidades, no hay conexión a la red de redes y la sala de computación, destartalada y con tres viejos ordenadores de segunda generación, se encuentra en lamentables condiciones.

“En 2015 se dijo que iban a entregar tabletas y habría acceso a internet. Pero todo se quedó en muela (comentarios). A ETECSA, el monopolio cubano de las comunicaciones, le gusta alardear de que presta un servicio social. Pero, a pesar de vivir en pleno siglo XXI, donde internet y las nuevas tecnologías no son un capricho, sino una necesidad, queda demostrado que al Gobierno solo le interesa potenciar lo que deja dinero, como el wifi”, subraya Omar, ingeniero informático.

Para este nuevo curso escolar, internet en todos los colegios tendrá que seguir esperando.

Fuente: diariolasamericas.com

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