Entretenimiento 22 abril 2016

Prince era cálido, sabio y espiritual en privado

NUEVA YORK (AP) — A pesar de ser menudo, de voz suave y con solo 1,57 metros, Prince proyectaba una figura imponente.

Así lo vi hace dos años, cuando lo esperaba en su estudio en Paisley Park para lo que sería nuestra tercera y última entrevista. Yo, la plebeya, esperando al príncipe que en realidad era rey.

Sus reglas para las entrevistas eran intimidantes: nada de cámaras, nada de celulares y ningún tipo de grabación. Incluso quería que no tomara notas por escrito, pero me resistí: ¿cómo quería que tuviera el registro de una entrevista de horas? Hice bien, pensaba que íbamos a estar un par de horas conversando, pero la tertulia se extendió hasta la madrugada.

Pero cuando entró al salón con un traje color crema y una camiseta con la imagen de sí mismo, lo que emanaba era calidez. Hubo sonrisas y chistes, y Prince reveló a un hombre introspectivo, inteligente, humilde, espiritual e incluso divertido: jugaba ping pong con sus músicos mientras llevaba puestos unos tacones de acrílico transparente.

Era un lado de Prince que no compartía con muchos. Para la mayoría era el genio taciturno y voluble, solitario y alejado del público.

Quizá hacía eso con una finalidad: mantener algo de la privacidad que se le esfuma a la mayoría de los famosos, mantener algo del Prince Rogers Nelson separado del artista otrora y entonces nuevamente conocido como Prince.

Pero en las entrevistas, sus capas se fueron cayendo para exponer sensatez y humanidad.

El púrpura se extendía de la persona a sus alrededores. Estaba por todas partes, desde su camerino hasta su estudio en Paisley Park.

Las velas contribuían al ambiente pacífico. Como un anfitrión atento, en la mitad de nuestra maratónica entrevista insistió en que comiera, y despachó a un asistente para que me trajera algo de un restaurante cercano (aunque no podía ser carne porque Prince era vegetariano). Cuando terminé me retiró el plato.

Quería compartir mucho, pero solo hasta cierto punto. En nuestra última entrevista, me llevó a una habitación que seguramente era privada y me tocó música inédita; también abrió YouTube para mostrarme a algunas de sus inspiraciones, desde Dionne Warwick hasta James Brown.

En otro momento me llevó por aparte y me preguntó si tenía todo lo que necesitaba, y continuó hablando de todo tipo de temas, de religión a lo que pensaba de Andre 3000 como Jimi Hendrix. Después incluso me llevó a una sala de TV para ver un programa de entrevistas nocturno en el que Anthony Anderson recordaba cómo conoció a Prince. Pero cuando terminó el programa y quería hablar con él sobre esto, ya se había ido.

Eran cerca de las 2 a.m. y estaba claro que mi tiempo con él se había acabado.

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La primera vez que nos reunimos fue en 2004. Celebraba de nuevo el éxito tras su primer álbum en varios años, "Musicology". Me recibió con una sonrisa y me llevó a su camerino, pero primero se aseguró de que estuviera siguiendo sus reglas: "No tienes grabadora, ¿verdad?".

Una vez que nos sentamos, Prince explicó que no quería ser grabado porque quería que los dos nos metiéramos de lleno en la entrevista. En otras ocasiones en nuestras charlas a lo largo de los años, me pedía que dejara de tomar notas para que pudiera absorber completamente lo que tenía que decir.

Hablaba sobre su espiritualidad: tras haber sido introducido a la religión por el músico Larry Graham, se convirtió en Testigo de Jehová en los últimos años de su vida. Así fue como pasó de disfrutar del impacto que sus letras abiertamente sexuales tenían sobre en el público, a retirar la mayoría de esas canciones de su repertorio. En su presencia tampoco permitía que se dijeran groserías. Las referencias a la Biblia surgían a cada momento en nuestra conversación: señalaba a las sagradas escrituras para subrayar sus ideas y conocía bien sus versículos.

"Lo que tenemos ahora es la misma situación que enfrentó Noé", me dijo en 2004. "Vendrá la lluvia y es momento de entrar en el Arca. Lo mejor que podemos hacer es mantener nuestras vidas en orden y conducirnos con bien".

También tenía conciencia social, particularmente si se trataba de asuntos que involucraban a la comunidad afroestadouniense. En su cúspide adoptó la ambigüedad racial y, en entrevistas, habló enérgicamente contra la privación de derechos para la gente negra. Atribuyó las protestas en Ferguson, Missouri, a la falta de pertenencia y posiciones de liderazgo para la comunidad negra ahí, y después, en una broma sobre la película de ciencia ficción de 2014 "The Giver", señaló que seguramente el futuro será blanco porque en la película no había gente negra.

Quizá los momentos más intensos de nuestras entrevistas tenían que ver con su férrea creencia de que los artistas deberían tener control sobre su propia música y cómo la industria musical explotaba a los músicos para obtener ganancias.

La batalla de Prince con Warner Bros. Records por su propio catálogo sorprendió a la industria, y cambió el rumbo de su carrera: se escribió "esclavo" en el rostro y cambió su nombre a un símbolo mientras peleaba. Comenzó su propio sello discográfico, NPG Records, y vendió música a los fans directamente a través de internet, aunque se desencantó rápidamente de ese modelo por la piratería rampante. Además retiró su música de YouTube y servicios de streaming como Spotify.

En nuestra última entrevista finalmente había recuperado el control sobre su música, pero aún lidiaba con los sellos para su distribución y seguía sonando las alarmas contra las inequidades de la industria: "La Biblia dice que no debes renunciar a tu herencia", dijo.

Esperaba convencer a otros músicos que dejaran a las grandes disqueras y como él siguieran el camino independiente; veía a su sello como una vía para esto. Habló sobre tener un colectivo y empoderar a otros artistas. Finalmente consiguió el poder de su propia música, del pasado y del presente, y esto lo hizo sentirse liberado, le dio una nueva pasión.

En 2014 lanzó dos álbumes, el disco en solitario "Art Official Age", y "PLECTRUMELECTRUM" con la banda 3RDEYEGIRL, las artistas a las que protegió más recientemente. Por primera vez permitió que alguien más produjera su música: el artista en ascenso Joshua Welton. Y presumió que los músicos con los que trabajaba eran de los mejores que había conocido.

"Suena a libertad, y hay alegría en ello", dijo sobre su proceso creativo.

Prince parecía estar en un momento triunfal en los últimos meses: tenía más presentaciones y había firmado un contrato para escribir sus memorias. Durante uno de sus últimos conciertos en Nueva York, en el que de costumbre ofreció dos bloques musicales, habló emocionado sobre la idea de poner su vida en papel.

Probablemente no tendremos ocasión de disfrutar esas memorias que estaba dispuesto a compartir con nosotros, pero podemos atesorar con mucho cariño la magia de las casi cuatro décadas en las que reinó Prince.

Fuente: Associated Press

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