Mundo 12 abril 2016

Norcoreanos prefieren penurias que regresar a su país

SEÚL (AP) — A pesar de las difíciles condiciones laborales que enfrentan en el exterior, muchos norcoreanos afirman que viven mejor que cuando estaban en su país.

Una mujer norcoreana que trabajó como mesera en China, dice que tuvo que soportar como los hombres la manoseaban o trataban de emborracharla. Otros dos recuerdan los cadáveres de sus compatriotas en campamentos de leñadores rusos. Otro relata cómo trabajaba 16 horas diarias en un proyecto de construcción en Kuwait, rodeado por barreras de alambre.

Por muy difícil que fueron esos momentos, estos norcoreanos aseguraron a la AP que lo preferían a sus vidas anteriores en su propio país. Para ellos, tener un empleo en el exterior era un símbolo de estatus, un beneficio tan codiciado que muchos norcoreanos pagan sobornos o piden favores a sus familiares para poder conseguirlos.

"Vencí unas probabilidades de 12 a una para conseguir mi trabajo como mesera... La opinión que la gente tiene de cómo es trabajar en Corea del Norte es muy distinta a la de aquí", dijo Li Sung Hi, de 42 años, que trabajó en un restaurante propiedad de norcoreanos en Dalián, en el noreste de China, hace unos 10 años, y que ahora vive en Corea del Sur. "Las mujeres norcoreanas tienen una fantasía de lo que es trabajar como mesera en el extranjero".

Los relatos de Li y de otros tres norcoreanos, que también viven ahora en Corea del Sur, revelan mucho sobre lo diferente que puede parecer la vida si se ve desde ojos norcoreanos.

El país ha enviado a decenas de miles de trabajadores al extranjero con la misión de traer de vuelta divisas foráneas. Las organizaciones de derechos humanos consideran que esas personas son básicamente esclavas, aunque al mismo tiempo condenan las violaciones de derechos humanos en Corea del Norte.

Pero para los trabajadores mismos, no hay mucha duda sobre cuál vida preferirían.

Los norcoreanos, que trabajaron en el exterior desde la década de 1990 hasta comienzos de la década del 2000, dijeron que se veían obligados a entregar gran parte de sus sueldos a las autoridades de Pyongyang y que nunca recibieron los beneficios que se les prometieron. Pero afirmaron que el dinero que sí recibieron, a veces con trabajos extra, excedía por mucho lo que ganarían en su país.

Además, revelaron que comían relativamente bien, no estaban tan vigilados y recibían la inusual oportunidad de ver otras partes del mundo y conocer las opiniones de otros pueblos sobre su país.

Li deseaba usar su experiencia en el exterior como símbolo de estatus, a fin de conseguir esposo con un mejor empleo. Los otros tres trabajadores, hombres todos, querían dinero para comprar televisores, grabadores y neveras tras el período típico de tres años de trabajo.

"Yo vi cómo regresaba otra gente del exterior, con cigarrillos de alta calidad, con dinero para salir a tomarse una cerveza", narró Lim Il, quien trabajó en un proyecto de construcción en Kuwait a finales de la década de 1990. "Para cualquier persona común, esas cosas eran una fantasía inalcanzable".

Incluso los norcoreanos que trabajan en el extranjero en tiempos más recientes albergan opiniones similares, dicen expertos y activistas que han entrevistado a los recién emigrados.

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Hyung-jin Kim está en Twitter: www.twitter.com/hyungjin1972

Fuente: Associated Press

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