Mundo 25 septiembre 2016

Norcoreanas vendidas en China quieren recuperar a sus hijos

SEUL, Corea del Sur (AP) — Tras escapar de Corea del Norte huyendo de opresión y pobreza extremas, la joven permitió que un extraño concertara un matrimonio para ella con un agricultor chino rural porque no tenía a dónde ir. Más tarde vendría una decisión aún más dolorosa.

Un duro maltrato de su esposo, que llegó a atarla a un poste, y el miedo constante a que la policía la enviara de vuelta a Corea del Norte para enfrentar torturas y prisión, la convencieron para huir a Corea del Sur, explicó. Decidió hacer sola el peligroso viaje, dejando atrás a la niña que había tenido con su esposo chino.

"Mi corazón se desgarró", dijo la mujer, de 35 años, sobre la hija que dejó hace casi 10 años en Longjing, una localidad en el nordeste de China, cuando la niña tenía cuatro años. "Supe por mi marido chino que mi hija lloraba por las noches hasta quedarse dormida y me buscó hasta que cumplió ocho".

La mujer pidió que se la identificara sólo por su apellido, Kim, temiendo que la información sobre su pasado pueda desbaratar su vida en Corea del Sur, donde ha vuelto a casarse y tiene otros dos hijos.

Kim ha perdido el contacto con su hija y tiene miedo de volver a China, pero ni ella ni otras desertoras en situaciones similares se rinden. La profunda vergüenza y la culpa de no ver a sus hijos, así como la preocupación el estigma social en Corea del Sur las mantuvo calladas durante años, pero algunas han empezado a hacer presión de forma pública para buscar ayuda internacional y recuperar a sus hijos. Cuatro desertoras tienen previsto viajar el mes que viene a Estados Unidos para pedir ayuda a autoridades de Washington y Naciones Unidas.

No será fácil.

Los expertos ven improbable que las autoridades chinas acepten sus peticiones porque eran residentes sin permiso de residencia en el país y sus uniones no eran matrimonios con reconocimiento legal. Sus esfuerzos por reunirse con sus hijos podrían percibirse como problemas de familias individuales, en lugar de como cuestiones de derechos humanos que requieren intervención militar.

"¿Hay alguna mujer desertora que registrara su estado civil en China?", comentó Yoon Yeo Sang, cofundadora del grupo sin fines de lucro en Seúl Database Center for North Korean Human Rights. "Para China, ellas eran las que debían ser repatriadas, y me pregunto si China aceptaría el matrimonio de facto y daría los pasos legales necesarios".

El Ministerio chino de Exteriores no respondió a preguntas sobre si ayudaría a las mujeres. Las desertoras dicen que merecen atención internacional porque su situación se debía sobre todo a la lamentable situación de derechos humanos en Corea del Norte y a la política china de repatriar a los desertores norcoreanos a los que se encuentra ocultos en China.

"Hay leyes surcoreanas, leyes chinas y leyes norcoreanas, pero ninguna de ellas puede ayudarnos", dijo Kim Jungah, de 40 años, desertora norcoreana y que vive en Corea del Sur, separada de su hijo en China. Ahora es activista, y liderará a otras tres mujeres en un viaje a Washington y Nueva York del 8 al 18 de octubre.

El mercado de mujeres norcoreanas vendidas como esposas en China ganó fuerza luego de una devastadora hambruna en Corea del Norte a mediados de la década de 1990, en la que se cree murieron cientos de miles de personas. La población china tiene un número sensiblemente inferior de mujeres que de hombres, y la diferencia es especialmente grande en zonas rurales porque las jóvenes suelen migrar a las ciudades buscando mejores oportunidades económicas.

El tráfico de mujeres norcoreanas como esposas ha remitido en los últimos años, pero se cree que miles de mujeres vendidas a hombres chinos siguen viviendo en China, la mayoría sin permiso de residencia, según activistas especialistas en cuestiones norcoreanas.

En los primeros años del negocio, la mayoría de las mujeres fueron atraídas por traficantes que prometieron comida y empleos en China; algunas fueron secuestradas. Pero más adelante, muchas se presentaron voluntarias porque carecían del dinero necesario para cruzar la frontera y creían que vivir con hombres chinos reduciría el riesgo e arresto y repatriación, según Ahn Kyung-soo, una activista en Seúl que ha entrevistado a muchas desertoras.

Kim, la mujer que sólo quiso ser identificada por su apellido, dijo que llegó a China por sus propios medios y logró quedarse unos pocos días en una plantación en 2002. El propietario de la plantación le propuso casarse con uno de sus amigos chinos, 14 años mayor que ella. Kim aceptó porque no tenía a dónde ir. Más tarde supo que el propietario de la plantación básicamente la había vendido a su amigo para solventar una deuda de 6.000 yuanes (900 dólares).

A su llegada a China, muchas mujeres sufren golpes o abusos sexuales antes de ser vendidas a sus esposos.

Park Kyung-hwa, que escapó de sus traficantes en 2000, dijo haber visto muchas veces a los tratantes manoseando a otras mujeres compradas. Cuando fracasó en su primer intento de escapar, dijo, los traficantes la patearon y golpearon con palos durante unos 20 minutos.

"Los traficantes no nos veían como seres humanos, sino como productos para vender", dijo Park, de 44 años.

En ocasiones, las jóvenes son vendidas a bares de karaoke o burdeles, o se las obliga a trabajar en sitios web de video chat para adultos, según desertoras y activistas.

Park dijo que los traficantes intentaron venderla a bares en dos ocasiones, aunque ella había pedido que la vendieran como esposa. Un propietario de bar en Shenyang las examinó a ella y a otras dos mujeres norcoreanas durante 10 minutos antes de decidir no comprar a ninguna.

"Si yo fuera más alta y un poco más linda, creo que me habrían vendido", dijo Park, que ahora trabaja para una emisora de radio de onda corta con sede en Seúl y dirigida a norcoreanos. Dijo haber llegado a Corea del Sur en 2020.

Los hombres chinos que buscan esposas norcoreanas suelen ser mayores y poco adinerados, Algunos son solteros con minusvalías o viudos que trabajan como agricultores o trabajadores manuales en zonas rurales. Algunos tratan bien a las mujeres e incluso terminan mudándose con sus esposas a Corea del Sur. Una de las cuatro mujeres que viajan el mes que viene a Estados Unidos se casó con un hombre que la dejó ir con su hijo a Corea del Sur y les envió dinero.

Otros hombres, sin embargo, ejercen un horrible maltrato.

Una vez que Kim regresó tras varios días huida, recordó, su esposo la ató a un poste de madera durante varias horas en mitad de la noche. Se vio obligada a orinar de pie, dijo. Unos días antes de dar a luz a su hija, su esposo la golpeó con una escoba hasta que sangró por la nariz porque había discutido con la madre de él.

Muchas de las mujeres huyen de sus esposos en secreto. Algunas les dicen que viajan a Corea del Sur para ganar dinero, y que regresarán. Pero muchas tienen miedo de volver, temiendo verse repatriadas o incluso capturadas por agentes secretos norcoreanos.

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Siga a Hyung-jin Kim en www.twitter.com/hyungjin1972

Fuente: Associated Press

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