Associated Press 25 marzo 2016

No hay garantías en plan para mejorar vocabulario infantil

PROVIDENCE, Rhode Island, EE.UU. (AP) — Cuando el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg anunció que su fundación daría 5 millones de dólares para impulsar un programa tecnológico en Providence de mejora de vocabulario en los niños más pequeños de la ciudad, dijo que esperaba que el programa piloto arraigara en Rhode Island y se extendiera a todo el país.

Tres años más tarde, más de 500 familias han participado en Providence Talks, que utiliza dispositivos de sonido portátiles para contar todas las palabras que dicen los niños pequeños y sus padres en hogares de bajos ingresos.

Pero todavía no está claro si el programa pionero es un modelo nacional o sólo un concepto interesante.

La mayoría de los expertos en desarrollo infantil están de acuerdo en una cosa: los niños de parvulario más pobres oyen menos palabras que los niños de familias acomodadas. Eso puede retrasar sus primeros avances en alfabetización y, cuando crecen, hacer que tengan peores resultados en la escuela.

El programa de Providence se planteó como una forma de cerrar la llamada "brecha de palabras" instando a los padres a hablar más con sus bebés e hijos pequeños.

Trabajadores sociales visitan habitualmente las casas y entregan tablas que muestran cuántas palabras se hablaron por hora y día, excluyendo la televisión y la radio. Hablan de métodos para aumentar la cifra y enriquecer las conversaciones, desde ver libros de ilustraciones a charlar sobre la textura de la mantequilla de cacahuete y las verduras mientras se pasea por el supermercado.

Y aunque la autoevaluación del programa el año pasado determinó que los padres participantes hablaban más con sus hijos, los resultados son inconcluyentes y podrían no saberse hasta que crezcan más. Nadie prometió un éxito inmediato, pero dedicar tanto esfuerzo a un programa sin resultados probados preocupa a algunos expertos.

"Es un programa muy bienintencionado y sinceramente deseo que tenga éxito, pero no tiene ninguna base sólida en investigación existente", señaló James Morgan, profesor de ciencias psicológicas, lingüísticas y cognitivas de la Universidad de Brown, que estudia alfabetización temprana en la infancia y ha sido asesor del programa.

"Providence Talks es un enorme campo de estudio. Pero eso no es lo que Bloomberg quería que fuera", dijo Morgan. "Si esto termina fracasando, la gente alzará los brazos y dirá que nada funciona, y eso será todo".

El escepticismo de Morgan no ha impedido a los impulsores de la iniciativa intentar ampliarla para incluir al menos a 2.500 familias para finales de 2017.

En principio, quedan casi dos años para que termine la donación de Bloomberg, y los organizadores reclutan a más familias para hacer sesiones de grupo además de las visitas personalizadas. Una campaña de concienciación en el principal hospital materno-infantil de la ciudad difunde el mensaje en cuanto nacen los niños. El programa fomenta la riqueza de vocabulario pero no hace preferencias entre idiomas, un factor clave en una ciudad con un 40% de residentes latinos.

Darly Niebla comentó que su hija de un año, Gracey, no tardó mucho en acostumbrarse a llevar la grabadora colocada en un chaleco. Un pediatra recomendó que ella y su esposo se sumaran al proyecto porque la niña todavía no hablaba. Niebla señaló que ella ya estaba acostumbrada a conversar con sus hijos —su hija mayor empezó a hablar pronto— pero que los asesores que visitan su casa la instaron a probar otras tácticas, como sentarse en el suelo con Gracey para interactuar de forma más directa.

El concepto ya se está extendiendo a otras ciudades. La Fundación de Investigación LENA, la organización sin ánimo de lucro de Colorado que desarrolló el dispositivo de grabación, lanzó dos nuevos programas el año pasado con el modelo de sesión de grupo en Huntsville, Alabama, y el sistema de Bibliotecas del Condado de San Mateo. Esta primavera se expandirá a Minneapolis, Houston y Ames, Iowa.

Y aunque Morgan advirtió en contra de invertir demasiado dinero antes de que los estudios puedan medir la eficacia del programa, su colega asesor Ken Wong, profesor que dirige el Programa de Política de Educación Urbana de la Universidad de Brown, estaba más que dispuesto a correr el riesgo.

"En unos cuatro años, definitivamente podremos compartir con mucha gente lo que hemos aprendido", dijo Wong. "Si no funciona entonces podemos aprender de verdad de esta intervención. Y si funciona, podría tener implicaciones tremendas para cerrar la brecha de logros".

Fuente: Associated Press

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