Mundo 03 abril 2016

Museos curiosos de Beijing narran la historia de la ciudad

BEIJING (AP) — En una diminuta habitación junto a un callejón se amontonan objetos que, como admite Wang Jinming, alguien había tirado a la basura: cuerda de papel, un alfiletero, un dispositivo para hacer tortitas diseñado para colocarse en una hoguera.

"Estos objetos se ven viejos y estropeados", dijo. "Pero documentan historia real".

La Exposición de Objetos Antiguos de Beijing que mantiene Wang en el corazón de la vieja Beijing es uno de las docenas de museos privados que salpican las calles secundarias de la capital china y sus suburbios. Sus colecciones van de lo grandioso a lo mundano, desde objetos salvados de entre la basura hasta una limusina en la que viajó Mao Zedong.

Entrar en estos museos privados es observar una etapa en gran parte olvidada de la historia reciente de la ciudad.

Mientras los museos estatales se centran en legitimar al gobernando Partido Comunista con su interpretación selectiva de la historia, los centros privados nacen de las aficiones y obsesiones de sus fundadores, así como de una sensación de deber por la conservación de una historia que otros podrían tachar de trivial.

"Si lo tira en la calle, la gente diría '¿Qué es esto?', y quizá piensen que es inútil y lo boten", dijo Wang, señalando a la habitación llena de cientos de objetos domésticos y de las calles, fabricados entre la década de 1900 y la de 1960. "Pero nosotros creemos que es cultura".

A Wang le encanta explicar a los visitantes lo que son los objetos que ven, como por ejemplo un soporte para paletas que utilizaban los vendedores callejeros, o una plancha con forma de cubo que calentaba con carbón. Todos forman parte de la colección que Wang y sus dos cofundadores comenzaron en la década de 1980, después de preguntar a visitantes extranjeros por qué estaban tan interesados en comprar objetos cotidianos viejos.

"'Para coleccionar', dijeron. Es probable que si uno va a casa de una persona no pueda encontrarse cosas como éstas", dijo Wang.

Conforme crece la riqueza de China, ciudadanos adinerados, bancos y empresas privadas han invertido en arte chino y abierto museos para mostrar su fortuna o su patriotismo. Otros, como Luo Wenyou, abrieron sus colecciones al público después de que su afición se convirtiera en misión.

En 1998, cuando ya poseía unos 70 automóviles antiguos, Luo participó en una carrera de 800 kilómetros (500 millas) desde Dalian, una ciudad en el nordeste del país, a Beijing. Su emblemático sedán Bandera Roja era el único auto chino de la prueba.

Tras aprender sobre museos y asociaciones de autos antiguos fuera del país, e inspirado por las exclamaciones de "larga vida a la bandera roja" que lo recibieron en la plaza de Tiananmen, Luo decidió que estaba obligado por honor a preservar el legado de la primera historia del motor en China.

"Tenía un circuito de karting, una empresa de transportes y un garaje. Después del rally los vendí baratos para empezar de inmediato una asociación de automóviles antiguos y después fundé el museo, para llenar el hueco", dijo Luo. "Sentí que éste era mi deber personal". Su museo abrió en 2009 y ahora cuenta con más de 200 vehículos chinos y extranjeros.

Algunos de los modelos forman parte de la historia reciente de China. Hay un auto en el que Mao se negó a subir hasta que el nombre de la automotriz, que aparecía en la carrocería en alfabeto occidental, se cambió por caracteres chinos. Y un vehículo encontrado en un descampado, y que se había asignado al ex presidente Liu Shaoqi. Ése último aún tenía las ventanas rotas de cuando Liu fue perseguido por la Guardia Roja durante la Revolución Cultural tras caer en desgracia con Mao.

Las colecciones privadas como la de Luo ofrecen una bienvenida alternativa a museos estatales que intentan mostrar al visitante una narrativa sobre la grandeza de China y la necesidad del gobierno del Partido Comunista, señaló Philip Tinari, director del Centro Ullens de Arte Contemporáneo en Beijing.

"En realidad uno no encuentra rincones insólitos con apoyo público", comentó.

Ma Weido abrió el primer museo privado de China en 1996 y lo llenó con antigüedades que había comprado baratas a finales de la década de 1970 y en la de 1980 a vecinos de Beijing que buscaban efectivo para comprar refrigeradores, televisores y lavadoras-

En esos primeros días, su adquisición más valiosa fue un cuenco fabricado en un horno imperial durante el reinado del emperador Qianlong, de la dinastía Qing, hace unos 250 años, comentó Ma. Comprado por apenas 6 yuanes (menos de un dólar) en ese momento, ahora podría valer hasta 600.000 yuanes (92.000 dólares), dijo.

El Museo Guanfu de Ma tiene ahora tres sucursales en el país y abrirá otras dos más este año. El propio Ma se ha convertido en una celebridad televisiva y presenta programas en los que muestra a los cazadores de antigüedades cómo distinguir entre tesoros reales y falsos.

Ma, amante de los gatos y que siempre busca formas de atraer a más visitantes, nombró hace poco a 20 gatos como comisarios asistentes de exposición.

"Mucha gente que viene al mueso... está más interesada en los gatos que en la cultura", comentó. "Pero puede que algunos vengan por los gatos y al hacerlo, aprendan algo sobre antigüedades.

___

El investigador de Associated Press Yu Bing y los asistentes de noticias Dong Tongjian y Liu Zheng contribuyeron a este despacho.

Fuente: Associated Press

¿Qué te ha parecido esta noticia?

Notas Relacionadas

Deja tu comentario