Mundo 08 marzo 2016

Migrantes iraquíes se regresan, desencantados con Europa

SULAIMANIYAH, Irak (AP) — Surkaw Omar y Rebien Abdullah dejaron sus trabajos y gastaron todos sus ahorros para emigrar a Europa, pero lo único que encontraron fue campamentos de refugiados atestados, hambre y un clima helado. De vuelta en sus comunidades del norte de Irak, dicen que su búsqueda de una vida mejor resultó un desastre.

Muchos de los cientos de miles de personas que parten hacia Europa no tienen otra alternativa que encarar esos desafíos porque son refugiados procedentes de lugares azotados por guerras, donde sus vidas corren peligro. Pero Omar y Abdullah son oriundos de la región curda del norte de Irak, adonde no ha llegado la ofensiva de la organización Estado Islámico.

Gastaron unos 8.000 dólares en su viaje, la mayor parte de los cuales fueron para traficantes, y terminaron en campamentos para personas que buscan asilo en Alemania y Suecia. Permanecieron meses allí, con poca comida y dinero.

"Fue algo muy feo", dice Omar, de 25 años, en alusión al campamento alemán. "Honestamente, nos moríamos de hambre allí. Nos escapamos porque pasábamos hambre. Nos daban queso y te, y 30 euros semanales".

Decidieron entonces probar suerte en Suecia, y no les fue mucho mejor.

"Cuando llegamos, era invierno. Nos congelábamos. Me pusieron en una habitación con tres sirios. Yo no hablo árabe y ellos no hablaban curdo. Nos comunicábamos como si fuésemos sordos", expresó Omar. Luego de intentarlo una vez más en Alemania, se rindieron.

"Nos dijimos, volvamos a casa. Es mejor que en cualquier otro lado", señaló.

Son parte de lo que los expertos describen como una creciente cantidad de migrantes que se vuelven a sus países debido a las dificultades que tienen para encontrar vivienda y empleo en Europa.

Unos 70.000 iraquíes se sumaron a la ola de migrantes y refugiados que buscan fortuna en Europa en el último año, según la Organización Internacional para la Migración (OIM), con sede en Ginebra. La Federación de Refugiados Iraquíes, una organización no gubernamental local, dice que la cifra podría ser el doble y que habría hasta 40.000 migrantes de la región curda.

Pero a medida que se adentraba el invierno del año pasado, la cantidad de gente que solicitaba ser repatriada comenzó a aumentar, de acuerdo con la OIM. De las 100 solicitudes que hubo al comienzo del 2015 se llegaron a 350 en septiembre, 761 en octubre y 831 en enero del 2016.

"Cuesta saber cuál es la cifra total porque muchos de ellos vuelven por su cuenta", dijo Sandra Black, del departamento de comunicaciones de la OIM de Irak. "Pero ha habido un aumento significativo en esas cifras".

Los regresos son una buena noticia para los países europeos que les abrieron las puertas a los refugiados que le huyen a conflictos pero dicen que los migrantes por razones económicas deben permanecer en sus países. Son además un indicio de las dificultares que encuentran los refugiados en Alemania y Suecia, países que admitieron más de un millón de migrantes el año pasado.

"Se regresan porque no tienen esperanzas de conseguir residencia en Europa, falta de oportunidades laborales, demoras en las reunificaciones familiares y por no encontrar las viviendas y las oportunidades laborales que esperaban", señaló Black.

"La creciente cantidad de llegadas ha creado grandes presiones sobre el sistema de inmigración en Europa", añadió. "Las solicitudes toman más tiempo y algunos se rinden".

Maurizio Albahari, profesor de antropología de la Universidad de Notre Dame que estudia la migración en Europa, dice que varios países europeos "están tratando activamente de desalentar a las personas que buscan asilo, al menos indirectamente".

Lo hacen demorando las reunificaciones de las familias y el procesamiento de las solicitudes de asilo nuevas.

De los 4.305 iraquíes que fueron ayudados por la OIM a regresar en el 2015 y enero del 2016, una tercera parte volvió a la región curda, un territorio mayormente autónomo y seguro que ha sido destino de muchos refugiados. Pero la guerra y la caída de los precios del petróleo han afectado su economía.

Omar trabajaba en restaurantes y supermercados, en tanto que Abdullah conducía un taxi, que vendió para financiar el viaje. Afirman que su decisión de emigrar obedeció a que todos se iban.

"Todos partían y decían 'en Europa las cosas son así'. Pero cuando fui allí, no eran como decían", relata Omar.

"La vida en Europa es muy dura", acota Abdullah. "Hay que esperar. Y nosotros no podíamos esperar. Somos muy apegados a nuestra tierra, a nuestras familias, a nuestras madres. Honestamente, Europa y un permiso de residencia no justifican dejar a tu familia y arriesgar tu vida".

Soran Omar, director de derechos humanos del parlamento regional curdo, dijo que esa experiencia es bastante común.

"Le dijimos al vicepresidente del parlamento alemán, que estuvo aquí hace poco, que incluso la gente desplazada de Faluya y de Ramadi tenían mejores condiciones de vida aquí en el Curdistán que los refugiados de Alemania actuales", afirmó.

Acotó, no obstante, que el gran éxodo de la región no amaina.

"Mucha gente regresa. Pero la corriente opuesta es mucho más grande", indicó. "La gente aquí no tiene nada que perder. Creemos que este será el año de la emigración".

Fuente: Associated Press

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