Mundo 21 octubre 2016

Israelíes y palestinos son bienvenidos en aldea samaritana

MONTE GUERIZIM, Cisjordania (AP) — En una de las localidades más tensas de Cisjordania, israelíes y palestinos viven en mundos separados. Pero hay un punto en la cima de una montaña que conecta a los dos: un pueblo de samaritanos.

Para llegar allí, los israelíes suben en coche por un sinuoso camino escarpado, cerca de ominosos letreros rojos colocados por el ejército israelí que desaconsejan entrar en la vecina ciudad palestina de Naplusa. Los palestinos llegan a la cima por otro camino desde Naplusa, en el lado opuesto de la montaña.

Arriba viven unos 380 samaritanos. Ellos, y unos 420 samaritanos que viven en Tel Aviv, Israel, constituyen una de las minorías religiosas más antiguas y más pequeñas del mundo.

Israelíes y palestinos están enfrascados en un continuo conflicto por tierra e identidad. En el último año, atacantes palestinos solitarios han matado a tiros, puñaladas y atropellamientos a civiles israelíes. Muchos de los atacantes han sido o frenados, a veces por fuerza letal.

Pero la aldea samaritana en Cisjordania es un lugar donde israelíes y palestinos se sienten bienvenidos.

El papel singular de los samaritanos —puesto en relieve ahora que se celebra la fiesta judía de Sucot — es particularmente conmovedor en momentos en que mengua la esperanza de negociar el fin del conflicto.

Más conocidos por la parábola del buen samaritano en el Nuevo Testamento, la secta tiene sus raíces en los antiguos israelitas, sigue los cinco libros de Moisés y celebra fiestas bíblicas.

De esta forma los samaritanos se asemejan a sus vecinos judíos, a diferencia de que han vivido en Cisjordania durante siglos y están totalmente incrustados en la vida palestina. Hablan y tienen nombres árabes, estudian en escuelas palestinas y trabajan en oficinas del gobierno palestino.

"Si nos involucramos con alguna de las dos partes, nos aplastarían", dijo Linda Sadaqa, una samaritana de 43 años que trabaja en el Ministerio de Salud Palestino.

Aun así, los samaritanos se las han arreglado para mantener buenas relaciones con las sociedades israelí y palestina a pesar de décadas de conflicto que incluyen medio siglo de control militar de Israel sobre los palestinos.

Esto se ve particularmente durante el feriado bíblico del Sucot o Fiesta de los Tabernáculos.

En la Biblia, Dios ordena al pueblo de Israel a construir chozas que simbolicen los campamentos israelíes cuando vagaban en el desierto después del éxodo de Egipto. A diferencia de las chozas austeras de los judíos, los samaritanos construyen toldos exquisitos repletos de frutos que son colocados en el techo de las habitaciones, una colorida vista que atrae a muchos visitantes palestinos e israelíes.

Fuente: Associated Press

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