Neptuno-Tritón 25 abril 2016

¿Hoteles para los cubanos? El triste caso del Neptuno-Tritón

En el año 2008 el mandatario Raúl Castro derogó el conjunto de prohibiciones que impedían la entrada y el alojamiento de cubanos a los hoteles de la isla. Hoy se puede decir que los nacionales pueden disfrutar a pleno de estas instalaciones, ideales para sobrellevar el eterno verano que caracteriza nuestro clima. Sin embargo, la realidad difiere un tanto de este escenario.

A pocos días de su llegada al poder, Raúl incluyó esta medida en el marco de los conocidos lineamientos de Partido, un cúmulo de modificaciones que pretendían recuperar la débil economía cubana eliminando algunas regulaciones obsoletas y brindando un espacio vital al sector no estatal, con la proyección de continuar perpetuando el mismo sistema político iniciado hace casi seis décadas.

Bien es sabido que la gran mayoría de los cubanos no cuenta con un bolsillo capaz de costear el disfrute –ni por un corto período de tiempo- de los servicios hoteleros del país, asúmase aquellos más baratos. El salario mensual medio de un trabajador en la isla sobrepasa por poco los 23 CUC, mientras que una noche en el hotel más económico de la capital alcanza los 60 CUC, sin privilegios más que el de un desayuno rancio.

Pero no nos referiremos a ese segmento de cubanos en el presente artículo. Vamos, por esta vez, a ocupar el lugar de aquel pequeño grupo que sí puede cubrir semejante gasto y decide, cómo es natural, desconectar de esa rutina vertiginosa que es vivir en Cuba, y pasar su semana de vacaciones en un hotel asequible.

Complejo Neptuno-Tritón: Lo que fue y ya no es

A mediados de los años 70, se erigieron en La Habana dos torres de 22 plantas y 240 habitaciones, los primeros hoteles en construirse en la capital luego del triunfo en 1959. Las instalaciones, que hoy ostentan la calificación de tres estrellas, nacieron con el propósito de continuar desarrollando la entonces paralizada industria hotelera urbana de la época. Desde ese entonces, y como ha pasado con incontables e importantes edificaciones de la isla, el destino de ambos inmuebles no ha sido otro que el del declive asegurado.

El complejo Neptuno y Tritón acoge a dos de los hoteles más económicos de La Habana, a pesar de ello, una noche equivale a más del doble del salario medio de los cubanos. Si existe algún hotel en la capital que pueda ser costeable por un nacional, definitivamente es uno de estos.


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Sin embargo, la tarifa se hace irrelevante en un orden de observaciones críticas cuando el visitante se tropieza con las paupérrimas condiciones estructurales y la apatía robótica que distingue al personal de estos centros turísticos.

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Desde la primera aproximación, la mustia fachada de ambos recintos deja mucho que decir. Por cada piso, se distingue al menos una ventana rota, una mancha de filtración, un pedazo de pared desgarrado o una viga expuesta, un panorama triste para quienes presenciaron el surgimiento de las que fueron una vez dos prometedoras instalaciones.

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De la misma forma, la mohosa fuente que da la bienvenida a los visitantes ha dejado de funcionar desde hace algún tiempo, "regalándole" un paisaje monótono y desértico a la entrada al edificio.

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Al interior, como una suerte de escuela al campo, los pasillos, lobby, baños y otros espacios carecen de climatización, organización o el más mínimo detalle estético pensado para agradar al ojo observador de este siglo. Cada adorno y mueble cuenta, por su evidente estado de desgaste y diseño, con varias décadas de antigüedad.

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Las habitaciones no se escapan de este "look" setentero y sombrío propio de una película de terror al estilo de "El Resplandor". Son pequeñas y están equipadas con muebles deteriorados y, en algunos casos, carcomidos por el comején, oxidados, sucios o simplemente rotos, tras años de uso.

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Mientras tanto, el hotel Tritón, en peor estado de conservación, no se encuentra admitiendo clientes bajo la excusa de que "no hay agua caliente".

Ambos lugares se encuentran abiertos también a los visitantes foráneos, quienes cada vez con mayor frecuencia prefieren elegir la oferta privada por encima de la estatal. La tarifa de una habitación rentada por cuentapropistas, con las máximas comodidades y servicio de desayuno, llega solamente a los 25 o 30 CUC.

Pareciera entonces, como ha ocurrido con disímiles medidas gubernamentales, que sólo queda de la mano del pueblo el libre arbitrio de hospedarse o no en una instalación turística del Estado, esta "libertad" es técnicamente alcanzable pero ¿lo vale?

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Fuente: cibercuba.com

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