Negocios 20 junio 2016

Hispanos y negros siguen sintiendo la burbuja hipotecaria

WASHINGTON (AP) — El estallido de la burbuja hipotecaria de hace una década afectó desproporcionadamente a hispanos y negros y amenaza con aumentar las divisiones basadas en el origen étnico o racial, según investigadores y expertos.

La cantidad de gente de esas comunidades que perdieron sus viviendas es tal que podría impedir la acumulación de patrimonio para generaciones enteras de familias de comunidades minoritarias, de acuerdo con Antoine Thompson, director ejecutivo de la National Association of Real Estate Brokers (Asociación Nacional de Agentes de Bienes Raíces), la asociación comercial minoritaria más antigua de la nación.

"Perdimos mucho patrimonio", dijo Thompson. "Entre los negros de Estados Unidos esto tiene proporciones epidémicas y de crisis".

Al quedarse sin las casas que habían comprado, la gente se ve obligada a alquilar. Un análisis de la Associated Press reveló que los alquileres cada vez más altos combinados con sueldos que no suben a la par del costo de la vida hacen que resulte muy difícil comprar una casa. Las personas que compraron hace tiempo, por el contrario, han visto subir el valor líquido (home equity) de sus viviendas y han reducido sus costos al refinanciar sus hipotecas y pagar intereses más bajos.

El problema es más grave entre las comunidades minoritarias, que ya de por sí tenían proporcionalmente menos propietarios de viviendas que el resto de la población antes del estallido de la burbuja. Durante mucho tiempo se negaron hipotecas avaladas por el gobierno a las minorías en barrios negros, lo que hizo que menos miembros de comunidades minoritarias comprasen en medio del boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Muchos miembros de las minorías que compraron o refinanciaron durante la burbuja contrajeron hipotecas de usurero, que a veces ni siquiera requerían un pago inicial pero cuyas obligaciones mensuales aumentaban enormemente con el tiempo.

Apenas el 41,5% de los negros son dueños de sus casas, comparado con casi el 50% de fines del 2004, según la Oficina del Censo. El porcentaje de hispanos que son dueños de sus casas cayó del 50% al 45,3%. La merma fue mucho menor entre los blancos, del 75% al 72,1%.

El Urban Institute pronosticó el año pasado que el porcentaje de gente que es dueña de su vivienda aumentará levemente entre los hispanos hasta el 2030, pero que entre los negros ese porcentaje bajará al 40% para esa fecha si el país registra crecimiento económico promedio y al 38% si es bajo.

Una serie de emergencias inesperadas les costó a Ricardo y Carmen Ramírez su condominio de un dormitorio en Washington Heights, en el Alto Manhattan.

La pareja compró la casa en el 2005 por 299.000 dólares, con tasas de interés variables, populares en esa época y que resultaron fatales cuando estalló la burbuja, al ajustarse los intereses.

Los Ramírez se las arreglaron bien hasta el 2010, en que la recesión los obligó a cerrar su restaurante. Ricardo sufrió un problema cerebral al caerse en el 2011 y Carmen sufrió lesiones en la espalda y una pierna en el 2012. Sus padres fallecieron y los costos del funeral les hicieron atrasarse en el pago de la hipoteca, desencadenando un proceso que culminó con una ejecución hipotecaria.

"¿Escuchó el dicho ese que dice 'las desgracias no vienen solas'?", preguntó Carmen, quien tiene 61 años. "Cayeron una tras otra".

Quisieron declararse en bancarrota, pero el edificio no aceptó que vendieran el departamento con pérdida.

La pareja se quedó sin la vivienda y vive ahora en un centro para ancianos gracias a la ayuda recibida por el Center for New York City Neighborhoods (Centro para los Barrios de Nueva York), que promueve alternativas accesibles para que la gente humilde compre viviendas.

"No recibimos nada, con excepción del cobro de impuestos", dice Carmen.

Cuando se han perdido viviendas cuyo precio era inferior a la deuda contraída, a las minorías se les hace muy duro conseguir préstamos para poner negocios, costear los estudios universitarios de sus hijos o financiar su jubilación.

En Boston, casi el 80% de los blancos son propietarios de sus casas y el valor líquido promedio de sus viviendas es de 256.500 dólares. En contraste, solo un tercio de los afroamericanos es dueño de su casa y su patrimonio es de apenas 700 dólares, según un informe del año pasado de la Boston Federal Reserve.

En Los Angeles, los estadounidenses de origen mexicano tienen un patrimonio promedio de 5.000 dólares y solo el 45% de ellos es propietario de su casa, de acuerdo con un análisis similar de la San Francisco Federal Reserve. Compare esto con el patrimonio promedio de 355.000 dólares de los blancos que viven en Los Angeles, el 68% de los cuales son propietarios de sus casas.

Incluso cuando la gente compraba viviendas a diestra y siniestra durante la burbuja había indicios de que las personas que refinanciaban con interesas variables estaban en problemas.

A partir de la década de 1990 los préstamos con condiciones leoninas estaban obligando a los negros a alquilar viviendas, de acuerdo con una investigación de un par de sociólogos, Gregory Sharp, de la University of Buffalo, y Matthew Hall, de la Cornell University. Eso representó un marcado contraste con los progresos registrados a partir de la Ley de Vivienda Justa de 1968, que prohibió la discriminación por razones de raza, religión o sexo.

El informe de Sharp y Hall del 2014 indicó que los negros tenían un 50% más de probabilidades de perder sus casas y verse obligados a alquilar. Esta tendencia comenzó cuando las minorías compraron o refinanciaron con las hipotecas de alto riesgo (sub-prime) que les ofrecían los bancos. Los dos investigadores ajustaron su información según los ingresos, las deudas y otros eventos y comprobaron que la raza era la principal explicación de las razones por las que la gente perdía su vivienda y se veía obligada a alquilar de nuevo.

"Hay una historia clara de estratificación racial persistente y creciente en el mercado de viviendas. Se pasó de la exclusión a la explotación", dijo Sharp. "No es solo el ingreso. Está también la raza. Van a barrios segregados y tratan de aprovecharse de la gente".

Fuente: Associated Press

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