Mundo 17 mayo 2016

Filipinas: Campaña represiva, una pesada carga para Duterte

MANILA, Filipinas (AP) — Nueve años atrás el padre Amado Picardal ayudó a sepultar a un adolescente de un barrio pobre asesinado a tiros por individuos que se movilizaban en una motocicleta en Davao, al sur de las Filipinas. Fue una de cientos de muertes ocurridas en esa ciudad portuaria atribuidas a una campaña contra la delincuencia dirigida secretamente por el alcalde Rodrigo Duterte.

El sacerdote católico recordó ese episodio cuando Duterte ganó las elecciones presidenciales de la semana pasada comprometiéndose a aplicar la misma receta represiva en el resto del país.

"Me sentí triste y deprimido", dijo Picardal aludiendo a la victoria de Duterte.

La idea de que el exalcalde sea presidente "mete miedo", dijo en una entrevista, agregando que las organizaciones que velan por los derechos humanos deberán estar atentas y documentar cualquier violación que pueda ocurrir, especialmente eventuales matanzas extrajudiciales.

En sus 22 años como alcalde y en su campaña presidencial Duterte siempre habló de aplicar una política de mano dura contra la delincuencia. Pero niega la existencia de escuadrones de la muerte en su ciudad.

La Comisión de Derechos Humanos de las Filipinas, un alto funcionario de las Naciones Unidas, organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional y una agrupación encabezada por Picardal que condena las ejecuciones sumarias, sin embargo, llegaron a otras conclusiones.

Clarita Alia, vendedora de verduras y madre del joven que Picardal ayudó a enterrar en Davao en el 2007, dice que está dispuesta a declarar contra Duterte si el caso llega a los tribunales. Otros tres hijos suyos a los que se les atribuyeron delitos que no cometieron fueron asesinados también por personas desde motocicletas.

La osada promesa de campaña que hizo Duterte de acabar con la delincuencia y la corrupción en seis meses, sus políticas de mano dura y su amenaza pública de matar a todos los delincuentes lo ayudaron a llegar a la presidencia. Pero esas políticas represivas podrían causarle problemas ahora que está en la presidencia y bajo la mirada de todo el mundo.

Un exfiscal que experimentó las complejidades legales de la lucha contra la delincuencia, Duterte fue elegido alcalde en 1988 y se ganó el mote de "Duterte Harry", en alusión al personaje de Clint Eastwood "Dirty Harry" (Harry el sucio), que no prestaba mucha atención a las normas. Bajo su gobierno cientos de presuntos delincuentes, traficantes de drogas y adictos fueron baleados o apuñalados por individuos que se movilizaban en motocicletas y comenzó a hablarse de los "Escuadrones de la Muerte de Davao".

En el último día de su campaña, Duterte insistió en que, de ser elegido, aplicaría las mismas políticas de mano dura desde la presidencia.

"A todos ustedes que se dedican a las drogas, hijos de perra, los voy a matar", afirmó ante una enorme multitud en Manila. "No tengo paciencia, no hay un punto medio: o me matan o yo los mato a ustedes, idiotas".

Pero negó estar involucrado en las matanzas extrajudiciales y las atribuyó a las guerras entre pandillas.

Investigadores dicen que no encontraron pruebas fehacientes que vinculen a Duterte con las matanzas y que no ha surgido ningún testigo dispuesto a declarar en su contra, tal vez por temor a represalias.

Un informe de la Comisión de Derechos Humanos indicó que 206 personas, mayormente presuntos delincuentes, incluidos 19 menores, fueron asesinadas a tiros y puñaladas atribuidos a escuadrones de la muerte entre el 2005 y el 2009. Señaló que había testigos de al menos 94 asesinatos.

"Nadie quería declarar", dijo Loretta Ann Rosales, quien dirigía la comisión por entonces. "Hay cierto temor. No podemos demostrarle nada (a Duterte) porque nadie dice que ordenó las matanzas".

Phelim Kine, de Human Rights Watch, indicó que investigó 28 matanzas de escuadrones de la muerte en el 2007 y el 2008 y no pudo comprobar vínculo alguno con Duterte.

"De lo que no hay duda es de que encontramos pruebas de que funcionarios municipales y la policía estuvieron involucrados directamente y que la evidencia justifica una investigación a fondo de las autoridades filipinas", afirmó Kine, agregando no saber si el gobierno había usado de algún modo sus conclusiones.

En su informe del 2008 Human Rights Watch dijo que muchos de los asesinos eran antiguos combatientes marxistas o delincuentes que comenzaron a trabajar para escuadrones de la muerte para evitar ser ejecutados ellos mismos.

Esos matones dijeron a la agrupación que trabajaban para un "jefe que les daba el nombre del blanco y a veces una dirección y una foto".

"Se notifica a la policía para garantizar que no se moviliza rápido, permitiendo la fuga de los asesinos", expresaron.

Agregaron que se había apelado a esos métodos porque "los tribunales son considerados lentos e ineptos. La matanza de los sospechosos de haber cometido delitos es considerada más rápida y sencilla".

Philip Alston, enviado de las Naciones Unidas, dijo en un informe del 2008 que había "un elemento que hacía pensar que eran matanzas aprobadas por el gobierno: Nadie se cubre el rostro".

Rosales dijo que la Comisión de Derechos Humanos de las Filipinas le pidió al defensor del pueblo, que procesa a los funcionarios acusados de irregularidades, que investigase a Duterte en el 2012 "por su inacción ante los numerosos asesinatos ocurridos en Davao y su tolerancia hacia quienes cometen esas ofensas".

Duterte, no obstante, no fue sancionado y fue reelegido alcalde en el 2013.

Si bien él fue exonerado, 21 altos funcionarios policiales fueron hallados culpables de "no cumplir con su deber" en zonas donde hubo 720 asesinatos entre el 2005 y el 2008.

Los funcionarios fueron obligados a pagar el equivalente a un mes de sueldo, según la oficina del defensor del pueblo.

A Duterte le costará aplicar las mismas políticas represivas a nivel nacional, según el padre Picardal, quien sirvió muchos años en Davao antes de ser transferido a Manila en el 2011.

"Hay controles. Recaerán sobre él las miradas de la nación y del mundo entero", manifestó. "Pero temo que la gente pierda la noción de lo que está bien y lo que está mal".

Fuente: Associated Press

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