Mundo 16 marzo 2016

El presidente de Egipto empieza a recibir críticas

EL CAIRO, Egipto (AP) — Las críticas contra el presidente egipcio, Abdul Fatá el Sisi, han aumentado en las últimas semanas, y su luna de miel en el poder parece estar llegando a su fin.

El descaro de las críticas sugiere que la imagen de El Sisi como el hombre que "salvó al país" del gobierno de la Hermandad Musulmana y el caos de la revolución se ha desvanecido. Ahora ese aura se ve sustituida por la imagen de un líder que tiene problemas para reparar la economía, detener los abusos de la policía o sofocar una insurgencia de milicianos islamistas.

Un reciente discurso, en el que El Sisi parecía enfadado y frustrado, recibió críticas generalizadas no sólo con bromas en medios sociales, sino también de voces influyentes en los medios que apoyaron al presidente cuando asumió el poder.

"Señor presidente, y ustedes, caballeros que dirigen las agencias de seguridad: se equivocan, y lo que están haciendo llevará al regreso de la Hermandad. Eso será un infierno para ustedes y el pueblo", escribió el veterano político Mohammed Abu el-Ghar. "Lean historia y aprendan un poco, para que todos podamos salvar a Egipto".

Durante casi dos años, los comentaristas en medios, políticos, autoridades y líderes religiosos han defendido el mensaje de que cualquier crítica al presidente, su gobierno o las agencias de seguridad era una forma de traición y socavaba la seguridad.

El-Sisi adoptó su imagen heroica en los medios cuando, como jefe del ejército, lideró el golpe militar de julio de 2013 para derrocar al presidente islamista, Mohammed Morsi, en medio de protestas masivas contra el dominio político de la Hermandad. Después alcanzó la presidencia en una arrasadora victoria electoral.

Desde entonces ha lanzado una dura campaña de represión con miles de detenidos y cientos de muertos, además de perseguir a activistas prodemocracia que avivaron el alzamiento de 2011 contra el autócrata Hosni Mubarak. Las protestas públicas están prácticamente prohibidas. Los activistas han dado la alarma sobre las frecuentes torturas y detenciones secretas por parte de la policía.

Durante casi dos años hubo pocas quejas del público, ya que muchos apoyaban cualquier medida para restaurar la estabilidad. Pero una serie de sucesos han dirigido la vista a problemas que son difíciles de justificar como causados por "enemigos de Egipto".

El derribo de un avión ruso de pasajeros, que muchos atribuyen a milicianos islamistas, subrayó los fracasos de seguridad y la renuencia del gobierno a reconocer que se trató de un atentado terrorista ha provocado críticas. El ataque fue un golpe devastador para la industria turística egipcia, lo que hundió más la economía.

La cultura de abusos dentro de las fuerzas de seguridad, por su parte, podría haber llevado al gobierno a un escándalo internacional. Un estudiante universitario italiano, Giulio Regeni, despareció el 25 de enero y después apareció muerto y con signos de tortura.

El Parlamento Europeo aprobó la semana pasada una resolución que no llegaba a acusar a las autoridades egipcias de la muerte de Regeni. Las autoridades egipcias niegan que su muerte fuera obra de policías, pero incluso algunos de sus defensores en los medios han puesto en duda esa posición.

La imagen del gobierno se vio perjudicada por una serie de decisiones judiciales consideradas como escandalosas. Un joven escritor fue condenado a dos años de prisión por la publicación de extractos de su novela de contenido sexual explícito, una línea que no habían cruzado Mubarak ni el islamista Morsi. La sentencia indignó a artistas e intelectuales que habían apoyado a El Sisi por temor a los islamistas.

"Su estado es una teocracia, señor presidente", dijo el columnista Ibrahim Wissa. "Su estado y sus agencias, como las de su predecesor, odian a los intelectuales, el pensamiento y la creatividad".

El Sisi también ha parecido vulnerable por los problemas de su gobierno para reparar una economía muy debilitada por cinco años de inestabilidad.

El gobierno se ha visto obligado a devaluar la libra egipcia a mínimos record. Eso ha planteado el temor de la población a subidas de precios, dada la dependencia egipcia de las importaciones.

Otro tema difícil es la gestión de subsidios que consumen miles de millones de dólares pero resultan vitales para millones de egipcios empobrecidos. El-Sisi levantó parcialmente los subsidios al combustible el año pasado sin disturbios, una muestra de su popularidad. Pero es posible que otra ronda de reducciones prevista no se reciba tan bien mientras los egipcios afronten precios más altos y desempleo.

Abdulah el-Sennawy, un destacado columnista partidario de El Sisi, advirtió que aplicar más recortes sería un "suicidio político".

"Tratar de forma irresponsable las vidas de gente corriente que apenas puede cubrir sus necesidades básicas es una receta para los disturbios sociales que las agencias de seguridad no podrán contener", escribió en el periódico Al-Shorouk.

El discurso del propio El Sisi televisado el 24 de febrero perjudicó a la percepción de que tiene la situación bajo control.

El presidente exigió que los egipcios no escucharan a nadie más que a él y dejaran de criticar al gobierno, y prometió "eliminar de la faz de la Tierra" a cualquiera que intentase "derribar" al estado.

En materia económica, pidió a la población que trabaje más duro y done dinero al gobierno. En un gesto melodramático, dijo que estaba preparado para venderse a sí mismo si eso beneficiara a Egipto, lo que dio paso a una cascada de bromas en medios sociales. Alguien se apresuró a anunciar en el sitio web de subastas eBay la venta de un general "poco usado", con la imagen de El Sisi.

El discurso tuvo un efecto terrible.

"No nos diga que sólo debemos escucharle a usted", dijo Youssef el-Husseini, presentador de televisión y firme defensor de El Sisi. "No, queremos hablar mucho, discutir y hablar sobre democracia. ¿Es democrático decir que le escuchemos sólo a usted?".

Azza el-Hennawy, una presentadora de televisión, arremetió contra la petición del presidente de que la gente trabaje más duro.

"Los egipcios ya trabajan", dijo, "pero la mayoría, y quizá todos los líderes de gobierno no trabajan. Usted también, su excelencia. No ha resuelto ni un solo problema desde que asumió el cargo".

Con la llegada de críticas más abiertas, la semana pasada apareció una incipiente disidencia en círculos políticos que han guardado silencio durante meses.

Un grupo de políticos y personajes públicos, liderados por el izquierdista Hamdeen Sabahi, que compitió contra El Sisi en las presidenciales de 2014, anunciaron una coalición para crear una "alternativa política" hacia un Egipto democrático. El grupo evitó desafiar directamente al presidente, pero la conversación abierta sobre una "alternativa" es llamativa.

Además, miembros de la asamblea de 50 escaños que redactó la constitución de 2014 y varias personas conocidas anunciaron que trabajarían para "proteger" el documento, abriendo un nuevo frente de presión política.

Esa constitución —quizá la más progresista de Egipto hasta la fecha— estableció sólidas garantías de derechos y libertades civiles que se han visto ignorados en gran parte, especialmente por las agencias de seguridad y la magistratura.

Fuente: Associated Press

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