Cuba 17 junio 2016

El calvario de los cubanos deportados al volver a la isla

ALQUÍZAR, CUBA - Como otros que se habían ido al extranjero, Yoandy Boza Canal se sentía un extraño en su pueblo natal: negocios que habían cerrado o vecinos que se habían ido, el sol calentaba demasiado, sus perspectivas eran demasiado sombrías.

Cuando se bajó del avión hace dos semanas en La Habana, recién llegado de Colombia, se echó a llorar, pero no de alegría.

“No podía creer que estaba aquí de regreso”, dijo Boza, de 23 años, quien abandonó Cuba el año pasado con la esperanza de llegar a Estados Unidos. “Si pudiera hacerlo otra vez, lo haría. Irme no fue lo duro. Lo que es duro es estar de regreso”.

A medida que oleadas de cubanos continúan huyendo de la isla, deprimida económicamente, atraídos por el Sueño Americano, se han convertido en un dolor de cabeza para varios países en el continente.

Desde octubre, la Guardia Costera ha impedido a más de 2,300 cubanos llegar a Estados Unidos, y la mayoría fueron devueltos a la isla.

En los últimos meses, Nicaragua, Costa Rica y Panamá han cerrado sus fronteras a los cubanos indocumentados. Y naciones que antes se hacían de la vista gorda ante los viajeros desesperados están cerrando sus puertas. En Colombia, por lo menos 2,500 cubanos han sido capturados mientras entraban ilegalmente al país en lo que va de año, y el año pasado fueron unos 6,200.

En la mayoría de los casos, a los que son capturados se les da una fecha límite para salir del país o son devueltos a su último punto de entrada. Algunos, sin embargo, son deportados a la isla que ellos arriesgaron tanto para abandonar.

De cierto modo, Boza tuvo suerte. No estuvo fuera suficiente tiempo para que lo despojaran de sus privilegios como ciudadano, los cuales incluyen cuotas de arroz, frijoles, manteca y azúcar. Pero dice que perdió todo lo demás.

Vendió su puesto de frutas y vegetales para financiar su pasaje a Ecuador, punto de partida para muchos inmigrantes cubanos. Ahora, ocho meses más tarde, está de vuelta sin otra cosa que tres mudas de ropa y una mochila.

“A los hombres les es muy difícil conseguir trabajo en este pueblo”, dijo su madre. “Y el campo es demasiado duro, él es demasiado joven para eso”.

PARA OTROS ES MÁS DURO

Alquízar, un pequeño poblado agrícola, está a menos de dos horas de la capital, pero está muy lejos de la conmoción sobre la mejoría de relaciones entre Washington y La Habana. Aquí no hay turistas adinerados impulsando la economía; la mayoría de la gente tiene que sobrevivir con sueldos de alrededor de 250 pesos cubanos al mes, el equivalente de $11.

“Este pueblo está peor que hace ocho meses”, dijo Boza. “Está yendo para atrás”.

Para otros deportados, el regreso es aún más precario.

Virginia, de 19 años, se fue de Cuba hace tres años para unirse a su familia en Ecuador. Allí se las arregló para conseguir permiso de trabajo y encontró empleo como camarera en restaurantes mexicanos y chinos.

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Fuente: El Nuevo Herald/ JIM WYSS

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