Associated Press 20 agosto 2016

Clinton en Beijing: Un punto de inflexión

Mientras cruzaba el Pacífico en un jet de la Fuerza Aérea rumbo a Beijing, la primera dama Hillary Clinton pasó la noche en reunión con un pequeño grupo de asesores, ajustando su discurso ante la Cuarta Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer.

Era 1995, y además de recibir varios golpes fuertes en la Casa Blanca, había visto el fracaso de sus esfuerzos —sin precedentes para una primera dama— de reformar los servicios de salud pública.

El viaje a la capital china había provocado polémicas. Algunos objetaban que una primera dama se hundiera en las aguas traicioneras de la diplomacia para hablar de derechos humanos. Algunos legisladores decían que la conferencia era "contraria a las familias" y que Estados Unidos no debía participar. Otros temían ofender a los chinos con críticas; otros, en fin, temían que los anfitriones aprovecharan la presencia de la primera dama con fines de propaganda.

Finalmente, Clinton decidió ir para "avanzar lo más que pueda en nombre de las mujeres y las niñas".

"Todas las miradas estaban puestas en Beijing y yo sabía que estarían puestas en mí también", escribió en "Living History", un libro de memorias.

Pero al ocupar la tribuna e incluso al abandonarla en medio de una ovación atronadora, dice Clinton, no sabía que tendría semejante impacto. Más de dos décadas después, ese discurso de 21 minutos, con la declaración de que "los derechos humanos son derechos de la mujer y los derechos de la mujer son derechos humanos", permanece como un punto de inflexión en su carrera pública.

Es el momento en que Clinton empezó a forjarse una identidad propia en la escena mundial, aparte de su esposo.

"Le dio una plataforma reconocible al instante, que ella podría utilizar de manera muy eficaz para lograr cambios", dijo Melanne Verveer, su jefa de personal en ese momento.

Y si bien el tema no le era en absoluto desconocido —hacía años que defendía los intereses de mujeres y niños_, el discurso en Beijing marcaría el rumbo de asuntos que la ocuparían durante su carrera posterior, sobre todo como secretaria de Estado, dice Verveer, quien más adelante sería la primera embajadora estadounidense para asuntos globales de las mujeres.

"Cumplió un papel de primer orden para lo que llegaría a ser. Fue uno de esos momentos evolutivos transformadores".

Y estuvo a punto de no suceder. Unos meses antes, el disidente estadounidense de origen chino Henry Wu fue arrestado al arribar a China y acusado de espionaje. Con ello, la participación de la delegación estadounidense y de Clinton como su presidenta honoraria quedó en el limbo. Quedó en libertad menos de un mes antes de la conferencia; Clinton escribe que "nunca hubo un quid pro quo".

Fuente: Associated Press

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