Deportes 14 mayo 2016

Campeón a contrapié, Barcelona amplía su dominio en España

BARCELONA, España (AP) — "Hemos tenido que ganar esta liga dos veces, resumió el sábado el central del Barcelona, Gerard Piqué, después de que su equipo lograra celebrar con añadido suspenso la consecución de la liga española en su última fecha, cuando venció 3-0 en cancha del Granada con triplete del uruguayo Luis Suárez y convirtió en intrascendente la victoria simultanea de su más inmediato perseguidor, Real Madrid, que derrotó de visita 2-0 al Deportivo La Coruña.

Resultó una conquista algo a contrapié, propia de la montaña rusa de emociones que fue para los azulgranas la secuencia de 38 fechas disputadas. Con bagaje suficiente de 91 puntos, uno de ventaja sobre los madridistas y tres respecto al tercer clasificado, Atlético de Madrid. Cuando parecía que el torneo se acabaría decidiendo de forma agónica entre los tres, la sorprendente derrota de los rojiblancos, 2-1 en Levante por la penúltima fecha, deparó un nuevo cara a cara entre Barsa y Madrid, separados por mínima diferencia al arranque del acto final.

Paradójicamente, tampoco muchos apostaron hace dos meses que la liga estuviera aún en juego a estas alturas, pues el Barsa llegó a contar con nueve puntos de ventaja sobre el Atlético y 10 respecto al Madrid al término de la 30ma fecha.

El 24to campeonato del equipo azulgrana, segundo consecutivo y octavo de los últimos 12, viene a resaltar su reciente dominio nacional. Pero destila un sabor ligeramente agridulce en el festejo, pues queda lejos del enfoque marcado a principios de temporada por el entorno "culé".

Ganador del triplete de liga, Copa del Rey y Liga de Campeones la pasada campaña, el Barsa arrastró como pesada losa las desmedidas expectativas en torno al plantel de Luis Enrique, en cierto sentido víctima de su propio éxito y de un discurso viciado, exigente con la defensa de sus tres coronas.

Hoy, el club catalán celebra ser justo campeón del torneo de la regularidad, donde ha ocupado la cima de la clasificación en 28 fechas, incluidas las últimas 18. Pero a muchos les puede más su prematuro adiós de la Champions, donde cayó en cuartos de final a manos del Atlético, que un nuevo trofeo doméstico que añadir a sus vitrinas.

Proclives al desencanto precoz, los "culés" verán la final continental entre los rojiblancos y el Madrid por televisión; un hecho que aún escuece y que, pese a que el Barsa puede sumar antes la copa si le gana la final al Sevilla, por momentos amenazó con sabotear también la consecución de la liga.

"Hace 20 años no la habríamos ganado porque muchas veces nos hundíamos en nuestro propio pesimismo", reconoció Piqué, criado en la cantera azulgrana.

El campeón acabó el torneo como lo empezó, enganchado al olfato de Suárez y justito de fuerzas tras un tramo de imponente superioridad sobre sus rivales en que mereció con creces los mejores elogios.

Si el triplete de la campaña anterior encumbró al tridente ofensivo que forman charrúa, el argentino Lionel Messi y Neymar, su revalida debía confirmar el nuevo reinado de los tres atacantes, con posible relevo a medio plazo del brasileño al rosarino.

Pero el equipo arrancó sin excesiva gloria la liga, apenas tres victorias por la mínima, aunque la tercera por 2-1 en cancha del Atlético, gracias al poder realizador de Suárez, quien se asentó en su segunda campaña de azulgrana como alternativa a desatascar aquellos partidos embarrados, en que Messi andaba lejos de su mejor forma.

A razón de 40 tantos en el torneo, tres en el último y decisivo choque, el uruguayo cumplió sobradamente con su esperada cuota goleadora y aportó el tesón necesario que muchos echaron de menos en la última liga perdida por el Barsa, en 2013-2014, bajo el timón del argentino Gerardo Martino.

Neymar también arrimó el hombro a partir de octubre, cuando destacó en ausencia de Messi, quien se perdió dos meses de competición por una lesión de rodilla. El brasileño asumió mayores galones sin "La Pulga" sobre la cancha. Pero se diluyó en el segundo tramo de la temporada; concretamente desde marzo, después de que el técnico, Luis Enrique, le diera permiso para tomarse unos días de descanso y viajar a Brasil.

Por entonces, el Barsa navegaba a ritmo de crucero en el torneo doméstico, donde se colocó líder por segunda vez en la undécima fecha, goleó 4-0 a domicilio al Madrid por la duodécima en el retorno de Messi y, salvo un breve tramo de tres jornadas (18va, 19na y 20ma), se mantuvo en la cima hasta levantar el título, benefactor de una impresionante racha de 39 partidos invicto en todas las competiciones que incluyó también la conquista del Mundial de Clubes en diciembre.

El plan funcionaba a las mil maravillas: el triplete seguía a tiro, pese a la sanción de la FIFA que no permitió inscribir nuevos futbolistas hasta enero, cuando finalmente se incorporaron Aleix Vidal y Arda Turan. El equipo había solventado sin grandes apuros la baja de Messi, el chileno Claudio Bravo y el alemán Marc-André ter Stegen alternaban sin problemas la titularidad en el arco, y Luis Enrique medía con precisión de alquimista el desgaste físico del plantel, especialmente en el mediocampo.

El temido bajón tras la disputa del Mundial de Clubes no se produjo de inmediato, y lo cierto es que el Barsa alcanzó el mes de marzo con la mira puesta en el récord de 43 partidos invicto de la Juventus en 2012, mejor registro para un equipo europeo.

Solventada sin excesivo brillo la eliminatoria de octavos de la Champions ante el Arsenal, llegó un inesperado tropiezo liguero ante el Villarreal, que se sobrepuso a una desventaja de dos goles para igualar 2-2 por la 30ma fecha.

Y acto seguido, el Madrid dio el golpe, ganando 2-1 en el Camp Nou el día del homenaje al ex futbolista y entrenador, Johan Cruyff, fallecido poco antes. Fue la primera de tres derrotas seguidas en el campeonato, que dilapidaron el colchón de puntos del Barsa, de repente emparejado con el Atlético, con solo el balance goleador favorable para mantenerse líder.

Eliminado también de la Champions en ese tramo, el cuadro azulgrana acusó el golpe y entró en recesión. La liga se tambaleaba en el peor momento, con el Madrid igualmente al acecho con solo una unidad de desventaja y viento favorable desde el relevo técnico de Zinedine Zidane a Rafa Benítez en enero.

Obligado a un cambio, ya sin margen de error, el Barsa finalmente encontró su punto de inflexión por la 34ta fecha, cuando goleó 8-0 al Deportivo La Coruña, y sumó otra paliza por 6-0 al Sporting de Gijón, ambas con "pókers" de Suárez.

"Tuvimos una racha no muy buena y los rivales se acercaron, pero la liga es el torneo de la regularidad y la acaba ganando el mejor", sostuvo el sábado el volante, Andrés Iniesta.

Molesto por la falta de refuerzos en la delantera, Luis Enrique fio nuevamente su suerte al tridente pese al mal momento de Neymar y el paso atrás de Messi, quien retrasó su posición en la cancha para ejercer más de mariscal que pistolero, escenificando la prioridad del equipo en gobernar de nuevo los partidos y administrar su escueta renta en la clasificación.

Con el argentino de faro, Suárez de bala y Bravo y Ter Stegen combinando para poner el cerrojo, al Barsa le alcanzó para celebrar el título con un último golpe de riñón: cinco victorias consecutivas con balance goleador favorable de 24-0 y 14 tantos del ariete uruguayo en ese tramo.

Un campeonato de inesperados vaivenes, plagado de trampas pero también joyas para el recuerdo como el penal-asistencia de Messi a Suárez evocador de Cruyff. Una liga sufrida, pero que reafirma al club azulgrana como claro dominador de la época moderna en el fútbol español.

Fuente: Associated Press

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