Balseros 12 septiembre 2016

Balseros recién llegados recomiendan a cubanos: 'No se tiren al mar'

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Motivados por la incertidumbre sobre un posible cambio en la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba, los isleños siguen participando del mortal juego de azar que significa intentar llegar a las costas de Florida en balsa.

Los últimos en salir victoriosos de esta ruleta rusa en altamar son un grupo de 27 cubanos, 22 hombres y cinco mujeres, que lograron tocar tierra firme el viernes por la noche.

Pero, según contaron, la travesía no terminó cuando lograron secarse los pies.

“Si difícil fue la travesía, más difícil fue salir del cayo para acá, andábamos en un lugar que no nos podían localizar, le prendimos candela a la embarcación, le gritábamos a todos, y nada”, dijo el lunes Lázaro Delgado, de 58 años, uno de los balseros que estaban siendo asistidos por la organización Church World Service (CWS) en Doral. “Y encima teníamos un herido arriba de dos tablas con poliespuma”.

Fue una odisea corta pero intensa, de tan solo 25 horas en el mar, que incluyó tiburones, un herido cuya vida corría peligro, y quedarse varados en una remota isla estadounidense.

Parte del grupo que todavía se encontraba en la sede de la agencia CWS, encargada de ayudar a refugiados cubanos en el sur de la Florida, dijo que de volver a tener que experimentar lo que pasaron, algunos no lo harían otra vez.

“No se lo aconsejo a nadie porque esos viajes son peligrosos y uno no sabe lo mal que lo pasa hasta que no se tira en una embarcación de esas”, dijo Yohan Hernández, un balsero de 28 años. “Fueron las 25 horas más malas de mi vida. A mi me han dicho ‘no te tires porque es peligroso’, pero uno nunca sabe hasta que lo hace, pero si uno quiere proponerse una vida hay que hacerlo”.

El viaje comenzó el jueves alrededor de las 10 p.m. en Bahía Honda, Pinar del Río. Luego de semanas de planificación, los 27 balseros, todos amigos y familiares de la municipalidad La Lisa, en La Habana, zarparon en la oscuridad de la noche en una embarcación rústica de madera de unos 20 pies de largo por siete de ancho, con tuberías de aluminio para mantenerse a flote y un motor de automóvil Isuzu.

“Ya nosotros nos hemos tirado tres o cuatro veces, teníamos unas cuantas multas de 3,000 pesos cada uno y como gastamos dinero haciendo la lancha ya nosotros no teníamos para pagar las multas, y decidimos hacer esta última”, contó Eloy Jáuregui, náufrago de 22 años.

Durante el trayecto, Miguel, el hermano de Yohan Hernández, se accidentó con el motor de la balsa y sufrió un profundo corte en el empeine de su pie izquierdo.

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Fuente: elnuevoherald.com / SERGIO N. CÁNDIDO

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