EEUU 20 octubre 2016

Análisis: Trump exaspera a republicanos que buscaban impulso

WASHINGTON (AP) — Donald Trump necesitaba algo que cambiara el juego. En lugar de eso, dejó a muchos perplejos.

Cuando el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos se negó a decir si aceptaría los resultados de las elecciones, conmocionó la democracia estadounidense y flirteó abiertamente con la idea de una transición disputada de poder.

Eso hizo sombra a su aparición en el debate, por lo demás una mejora respecto a los otros duelos. Y con una frase de cinco palabras, casi de pasada, creó un dolor de cabeza para todos los republicanos que optan a la reelección, a los que se preguntará una y otra vez si defienden o rechazan a su candidato.

"Los mantendré en suspenso", dijo Trump cuando se le preguntó el miércoles, en el tercer y último debate, si prometía aceptar los resultados.

Fue un momento demoledor, pese a que podría haberse visto venir. Ante su caída en los sondeos, Trump ha alternado acusaciones sin pruebas contra unos medios corruptos, fraude en las urnas y miembros del gobierno que intentan proteger a Hillary Clinton.

Esa retórica ha exasperado a un partido republicano ya dividido por la candidatura y temeroso de su futuro. Antes del debate, el compañero de fórmula de Trump, su directora de campaña y su hija habían dicho que aceptaría los resultados de los comicios. Los esfuerzos del magnate por despertar dudas sobre el resultado provocaron una condena del presidente, Barack Obama, que los describió como "sin precedentes".

Pero bajo los focos y en horario de máxima audiencia, Trump demostró que no cederá ante las críticas ni las convenciones de ningún bando. Como ha hecho durante toda la campaña, optó por canalizar la charla imprecisa y la frustración de los americanos desarraigados, sin importar las consecuencias.

"No se debería permitir que se presente. Es deshonesto, ella es culpable de un delito muy, muy grave. No se debería permitir que se presente", dijo Trump de su rival, sin especificar ningún delito.

Por su parte, Clinton describió la respuesta de Trump como "espantosa".

"No es así como funciona nuestra democracia. Llevamos 240 años aquí", dijo. "Hemos tenido elecciones libres y justas. Hemos aceptado los resultados cuando quizá no nos gustaban. Y eso es lo que debe esperarse de cualquiera en un escenario de debate durante unas elecciones generales".

La campaña y los aliados de Trump se apresuraron a decir que sus palabras no eran distintas de las declaraciones del ex vicepresidente Al Gore cuando demoró hasta diciembre su aceptación de la derrota en los comicios de 2000, tras una decisión del Tribunal Supremo y el recuento en Florida. Pero Trump no hizo alusiones a circunstancias tan extraordinarias.

Otros republicanos no tardaron en criticar sus palabras.

"Debería haber dicho que aceptaría los resultados de las elecciones. No hay otra opción a menos que estemos de nuevo en un recuento", tuiteó la comentarista conservadora Laura Ingraham.

Salvo una implosión imprevista, Clinton llegó al debate encaminada a conseguir los 270 votos electorales necesarios para ganar, y no sólo esos. Trump necesitaba una actuación que estabilizara su campaña, si no por sus propias opciones, por el bien de su partido.

En las últimas semanas, las carreras por escaños del Senado en Nevada, Florida, New Hampshire y Missouri parecen haberse ajustado. Parlamentarios republicanos en Pennsylvania y North Carolina luchan por sus carreras en estados en los que Clinton parece estar sacando ventaja.

Los republicanos confiaban en que demostrara que se toma en serio la necesidad de conseguir todos los votos posibles en los lugares más importantes, en lugar de únicamente darle un sesgo positivo a su inminente derrota, como parece indicar parte de su retórica sobre las "amañadas" elecciones.

Durante casi una hora, Trump fue serio. Él y Clinton tuvieron un debate en gran parte sustancial y centrado en políticas sobre temas que habían recibido escasa atención en los duelos previos, como el aborto, el control de armas y la inmigración.

El empresario logró con eficacia acusar a Clinton de tener 30 años de "mala experiencia" y mencionó por primera vez en un debate los correos electrónicos pirateados que han mostrado una diferencia entre su postura en pública y en privada, especialmente en lo que atañe a comercio y a los bancos de Wall Street.

Pero la preparación y habilidad de Clinton en el estrado también se notaron. Ella consiguió evitar una pregunta sobre su apoyo al libre comercio y en cambio llevó a Trump a una dura refriega sobre el papel de Rusia en el pirateo de los correos y su supuesta interferencia en los comicios.

Cuando el moderador Chris Wallace preguntó a los candidatos sobre acusaciones de agresión y acoso sexual —en el caso de Clinton, acusaciones contra su marido_, Clinton aprovechó el momento para hacer una defensa de las mujeres, votantes con las que Trump ha tenido problemas, al tiempo que ignoraba la pregunta sobre las infidelidades de Bill Clinton.

"Donald cree que menospreciar a las mujeres le hace más importante. Va tras su dignidad, su sentimiento de valía personal, y no creo que haya ninguna mujer en ningún sitio que no sepa cómo se siente eso", dijo.

La reaparición de las acusaciones de mala conducta y agresión sexual pareció ser un punto de inflexión en la jornada. Trump siguió dando desmentidos breves y generales, pero a partir de ese momento se mostró cada vez más agitado conforme la conversación giraba a más como la Seguridad Social.

"Qué mujer más repugnante", replicó en un comentario que en cualquier otra noche hubiera destacado por su tono agrio.

Pero el miércoles, sólo fue la segunda frase más memorable de la noche.

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NOTA DEL EDITOR: Kathleen Hennessey cubre política y la Casa Blanca para Associated Press.

Fuente: Associated Press

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