Mundo 10 mayo 2016

Al-Sadr vuelve a sacudir el orden establecido en Irak

BAGDAD (AP) — Luego de más de una década incursionando en la política iraquí, Muqtada al-Sadr, el joven clérigo que ganó renombre internacional combatiendo a las fuerzas estadounidenses tras la invasión del 2013 está haciéndose sentir nuevamente y sacudiendo el orden establecido.

El 30 de abril sus partidarios irrumpieron en la fortificada Zona Verde de Bagdad y tomaron el Parlamento para exigir reformas políticas, en lo que representó un agravamiento de las tensiones entre los distintos bloques políticos del país.

El clérigo conserva su bastión al noreste de la ciudad, en Ciudad Sadr, el barrio de mayoría chiíta al que le cambiaron el nombre en el 2003 para darle el de su familia y donde su poder no depende de su astucia política sino de su linaje.

Pertenece a una prominente familia y es pariente del gran ayatola Mohammed Baqir al-Sadr, quien fuera ejecutado por Saddam Hussein en 1980. En 1999, el padre de al-Sadr, Mohammed Sadiq al-Sadr, fue asesinado a tiros junto con otros dos hijos en Najaf.

En las calles de Ciudad Sadr es común ver imágenes de al-Sadr, de su padre y de su pariente detrás de los cables del tendido eléctrico en calles atestadas.

La sala de estar de la casa de Abdul-Khaliq Hussein Akhlati tiene enormes imágenes de al-Sadr y de su padre.

"Honestamente, no puedo explicar el amor que siento por ellos, no lo puedo describir", expresó Akhlati. "Para nosotros lo más importante es que combatió a Saddam, combatió a los estadounidenses y ahora combate a los (políticos) corruptos".

Akhlati, no obstante, admite que su vida y la de su familia no mejoraron desde la invasión del 2003 en que fue derrocado Saddam. Las condiciones en Ciudad Sadr, por el contrario, se deterioraron, hay electricidad unas pocas horas por día, la mayoría de los hijos de Akhlati no tienen trabajo y los precios de los alimentos suben constantemente. Pero él no culpa a al-Sadr, sino a los legisladores corruptos de la Zona Verde que al-Sadr combate.

"La culpa es de esos ladrones", afirma.

Entre el 2003 y el 2011 el Ejército Mahdi de al-Sadr libró múltiples batallas con las fuerzas estadounidenses. En el 2008 al-Sadr desmanteló la milicia, aunque mantuvo unidades de elite para presionar por una retirada total de las fuerzas estadounidenses.

Cuando Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, cayó en manos de la organización Estado Islámico en el 2014, al-Sadr reconstituyó su milicia, ahora con el nombre de Brigadas de Paz. Esa fuerza, sin embargo, ha desempeñado un papel secundario en la lucha contra EI en comparación con el de otras agrupaciones cercanas a Irán como las Brigadas Badr, Asaib Ahl Haq y Kataib Jezbolá. Las Brigadas de Paz, no obstante, tomaron el control de Samarra, donde se encuentra uno de los altares más venerados de los chiítas.

La continua presencia de EI en Irak y la creciente crisis económica generaron descontento y protestas en las que participaron millones de personas, pero el primer ministro Haider al-Abadi no ha logrado mejorar las cosas por falta de consenso en el parlamento.

Las protestas fueron mayormente cívicas y seculares, aunque las cosas cambiaron cuando al-Sadr movilizó a sus partidarios y de repente miles de personas coreaban su nombre.

"Cuando me uní a ustedes en la Plaza Tahrir... quería preservar la reputación del Islam y de la secta (chiíta) pidiendo reformas como las del imán Hussein", dijo al-Sadr a sus partidarios en un acto a fines de marzo en el que insinuó que seguía el camino del "Observador de las Reformas" del siglo VII, el imán Hussein, nieto del profeta Mahoma y un venerado mártir chiíta.

En los días previos a la incursión en la Zona Verde, las multitudes que se congregaban frente a ese sector eran de entre 55.000 y 70.000 personas, según un análisis de imágenes satelitales hecho por Stratfor, una firma privada de inteligencia.

La ocupación duró un solo día, durante el cual los partidarios de al-Sadr derribaron muros y causaron destrozos en el parlamento, agrediendo incluso a algunos legisladores. Pero la demostración de fuerza fue corta. Al-Sadr ordenó a sus partidarios que se retirasen y ellos lo hicieron en el mismo día.

Los renovados pedidos de reformas pueden haber complicado más todavía el embrollo político en Irak.

El parlamento no se ha vuelto a reunir desde entonces, lo que ha demorado la confirmación del nuevo gabinete del primer ministro. Decenas de legisladores boicotean las sesiones aduciendo razones de seguridad. Algunos propusieron sesionar en otro sitio.

La demostración de fuerza de al-Sadr, por otro lado, puede haber aumentado las posibilidades de un enfrentamiento con otras fuerzas chiítas que dijeron que no tolerarán nuevas acciones como esa.

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En este despacho colaboraron los reporteros de AP Qassim Abdul-Zahra y Sinan Salaheddin en Bagdad.

Fuente: Associated Press

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