Mundo 16 noviembre 2016

Acusan de crímenes de guerra a aliados en Yemen

ABS, Yemen (AP) — Una mañana de agosto un chofer de taxi del noroeste de Yemen abrazó a sus hijos y en tono de broma les dijo, "discúlpenme si no vuelvo". Era una forma de relajarse ante los peligros que representa manejar en un país donde a cada rato caen bombas en las carreteras.

Por la tarde Mohammed al-Khal vivió uno de esos episodios. Tres misiles cayeron sobre la carretera, hiriendo a varias personas. Al-Khal montó en su auto a una de ellas, un vendedor de helados, y lo llevó al hospital más cercano.

Pero los aviones seguían bombardeando y mientras al-Khal estacionaba su auto en el hospital de Abs, un misil destrozó su vehículo, justo frente a la entrada del hospital. Al-Khal, quien tenía ocho hijos, fue incinerado. El estallido provocó destrozos y mató a pacientes y familiares que se encontraban en una sala de espera al aire libre. En total fallecieron 19 personas en el hospital, además de dos civiles que murieron en la calle.

El ataque del 15 de agosto es típico de lo que sucede desde que comenzó hace dos años una campaña encabezada por Arabia Saudita y sus aliados contra los rebeldes chiítas de Yemen, conocidos como los hutis. Organizaciones que velan por los derechos humanos y funcionarios de las Naciones Unidas dicen que la coalición, que tiene el apoyo de Estados Unidos, a menudo no ha sabido distinguir entre blancos civiles y militares o no ha tomado en uenta la posibilidad de que haya víctimas civiles.

Expertos afirman que algunas de sus acciones son verdaderos crímenes de guerra.

"Los sauditas han cometido crímenes de guerra en Yemen", afirmó Gabor Rona, profesor de las leyes de la guerra en la Columbia University de Nueva York. Opinó que hay personal estadounidense que colabora con la coalición y que podría haber incurrido también en crímenes de guerra.

Cerca de 4.000 civiles han muerto en la guerra y se cree que el 60% de ellos fallecieron en ataques aéreos de la coalición liderada por los sauditas, según las Naciones Unidas.

La coalición comenzó a intervenir militarmente en marzo del 2015, en un esfuerzo por devolver al poder al gobierno reconocido internacionalmente del presidente Abed Rabbo Mansour Hadi, luego de que los hutis tomasen la capital, Saná, y el norte del país. Los hutis tienen el apoyo de Irán y están aliados con soldados leales al predecesor de Hadi, Ali Abdullah Saleh.

La guerra ha devastado este país de 26 millones de habitantes, causando hambrunas y desplazando a 3 millones de personas.

Los bombardeos han destruido hospitales, escuelas, fábricas, la infraestructura, carreteras, mercados, bodas y complejos residenciales.

Estados Unidos y sus aliados vendieron miles de millones de dólares en armas a los sauditas para que lleven a cabo esta campaña. Suministra además datos de inteligencia, imágenes satelitales y ayuda logística.

Washington dice que no fija blancos y pidió a la coalición que investigue las denuncias de violaciones a los derechos humanos.

En meses recientes Estados Unidos redujo su presencia de asesores militares, de varias docenas a solo cinco, con la aparente intención de tomar distancia de esta campaña.

"La cooperación de Estados Unidos no es un cheque en blanco", aseguró el vocero del Consejo de Seguridad Nacional Ned Price.

La coalición asegura que hace lo posible por evitar víctimas civiles y dice que los rebeldes se mezclan con la población civil. Se han denunciado asimismo crímenes de guerra de parte de los hutis.

La coalición dice que investiga toda denuncia de violaciones y ha hecho públicas nueve de ellas. En dos admitió errores y dijo que pagará compensaciones a las víctimas. En casi todos los otros casos sostuvo que los ataques fueron contra blancos legítimos.

Pero hay quienes creen que el apoyo de Estados Unidos y otros países hace que los aliados piensen que tienen piedra libre.

"Creen que tienen luz verde para hacer más masacres", afirmó Abdel-Rashed al-Faqeh, director de Muwatana, una de las agrupaciones de derechos humanos más prominentes de Yemen.

El bombardeo a Abs es un ejemplo de lo difícil que es distinguir entre blancos civiles y militares, y de la falta de proporciones, o, en otras palabras, de la incapacidad de encontrar un equilibrio justo entre la necesidad de usar la fuerza y la importancia de evitar víctimas civiles.

Inicialmente se bombardeó un puesto de control donde había dos combatientes hutis en una carretera en las afueras de Abs. Los combatientes lograron escapar y se dispararon otros dos proyectiles, que mataron a dos personas que estaban por allí e hirieron a varias más. Aparentemente los aviones siguieron al auto de al-Khal creyendo que transportaba a uno de los rebeldes y lo bombardearon al llegar al hospital.

El hospital figura en la lista de sitios que no pueden ser bombardeados que tiene la coalición y en su techo hay pintadas que indican claramente que es una instalación médica.

El impacto del ataque, uno de seis perpetrados contra instalaciones administradas por la organización Médicos sin Fronteras, ha sido grande. La organización retiró todo su personal del norte de Yemen, donde escasea el personal médico en los hospitales.

Rona, el profesor de leyes de lal guerra, dice que quienes ordenaron los ataques de Abs "no tomaron las suficientes precauciones para determinar si la gente en el auto era efectivamente un blanco" legítimo. Además, se lanzó un ataque que "podía afectar el hospital".

"Lo mire por donde lo mire, se trató de un crimen de guerra", sostuvo.

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Al-Haj inform desde Saná.

En este despacho colaboraron los reporteros de la Associated Press Maad al-Zikry y Hani Mohammed desde Yemen.

Fuente: Associated Press

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